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Aerotermia vs Caldera Gas: ¿Qué te conviene MÁS?

Equipo EnergiaBarata 2026-04-23 51 min de lectura

Respuesta rapida

¿Aerotermia o caldera de gas? La aerotermia es más eficiente y ecológica, pero su instalación inicial es más cara. La caldera de gas es más económica al principio, pero a largo plazo puede salir más cara por el precio del gas y su menor eficiencia. ¡Analiza tu caso!

Elegir entre aerotermia y caldera de gas es una de esas decisiones que se toman una vez cada quince o veinte años y con la que luego convives cada invierno. Hay mucho ruido alrededor: quien te dice que la bomba de calor es un milagro que divide la factura entre cuatro y quien te jura que en cuanto aprieta el frío te deja tiritando. Las dos posturas son cómodas y las dos son falsas. La respuesta honesta es que el resultado depende mucho menos de la marca del aparato que de tu vivienda: del aislamiento que tenga, de los emisores que ya estén instalados, del clima de tu zona y de a qué temperatura tengas que impulsar el agua para estar a gusto.

Este artículo no te va a dar un precio ni un ahorro en euros. Te va a dar algo más útil y más duradero: el método para calcularlo con tus propios datos, y el criterio para saber si el presupuesto que te acaban de pasar tiene sentido o te están vendiendo una máquina que va a trabajar mal en tu casa.

Respuesta directa: cómo se decide esto de verdad

La comparación se resuelve con una sola pregunta: ¿a qué temperatura necesita el agua tu instalación de calefacción para mantener la casa a gusto el día más frío del año? Ese número manda sobre todo lo demás.

Una caldera de gas rinde de forma parecida tanto si le pides agua a 45 °C como a 75 °C; una de condensación mejora cuando el retorno llega frío, pero el margen es moderado y acotado. Una bomba de calor, en cambio, cambia de rendimiento de forma radical: cuanto más caliente le pides el agua, más trabaja el compresor y menos calor entrega por cada kilovatio hora de electricidad que consume. Por eso la misma máquina, en la misma provincia, puede ser una decisión excelente en una casa con suelo radiante y una decepción en un piso con radiadores pequeños calculados para trabajar a 70 °C.

De ahí salen cuatro escenarios bastante claros, y para distinguirlos no hace falta ni un euro:

  • Obra nueva o reforma integral en la que vas a levantar suelos. La aerotermia parte con ventaja porque puedes diseñar los emisores para baja temperatura desde el principio, y porque los requisitos de consumo de energía primaria no renovable del Código Técnico de la Edificación son difíciles de cumplir solo con una caldera.
  • Vivienda con suelo radiante ya instalado, o con radiadores generosos que aguantan agua templada. Escenario ideal para la bomba de calor: el emisor ya trabaja a baja temperatura y el rendimiento estacional sube solo.
  • Caldera de condensación reciente y en buen estado. Tirar un equipo con la mitad de su vida útil por delante rara vez sale a cuenta solo por el rendimiento. Tiene más sentido gastar ese dinero en aislamiento, en válvulas termostáticas y en bajar la temperatura de impulsión, y decidir cuando la caldera muera.
  • Casa sin gas natural que se calienta con propano o gasóleo. Es el caso donde el cambio suele tener más recorrido, porque partes de un combustible más caro por unidad de energía y de calderas que normalmente trabajan a temperaturas altas.

La pregunta correcta no es «¿qué sistema es mejor?», sino «¿cuánto calor necesita mi casa y a qué temperatura tengo que impulsar el agua para dárselo?». Responde a eso y el sistema se elige casi solo.

Cómo funciona una caldera de gas, y dónde está su techo

Una caldera mural quema gas natural (o propano, si vas con depósito o bombona) dentro de una cámara de combustión. El calor liberado pasa a un intercambiador por el que circula el agua del circuito de calefacción y, en muchos modelos, también el agua caliente sanitaria. Es una tecnología madura, compacta, barata de fabricar y que la gente entiende: si sale agua caliente, funciona.

Su límite es físico y no se puede saltar. La caldera solo puede entregar el calor que contiene el combustible que quema. Por cada kilovatio hora de energía que hay en el gas obtienes como mucho un kilovatio hora de calor en el agua, y en la práctica algo menos, porque una parte se escapa por la chimenea con los gases de combustión y otra se pierde por la carcasa. No existe manera de que una caldera multiplique la energía que le metes.

Qué aporta la condensación

Las calderas de condensación exprimen ese límite. Los humos de la combustión salen cargados de vapor de agua; si consigues enfriarlos lo suficiente antes de expulsarlos, ese vapor condensa y libera el calor latente que llevaba dentro, que en una caldera convencional se tira por el conducto de humos. Para que eso ocurra, el agua de retorno del circuito tiene que llegar bastante fría a la caldera, y eso solo pasa si trabajas con temperaturas de impulsión moderadas y con un salto térmico razonable entre ida y retorno.

Aquí está el malentendido más extendido del sector: una caldera de condensación con los radiadores puestos a 75 °C prácticamente no condensa nunca. Has pagado por una tecnología que no estás usando. Los rendimientos superiores al 100 % que anuncian los fabricantes no son magia ni un error de imprenta: se calculan sobre el poder calorífico inferior del gas, un convenio de medida que no contabiliza el calor latente del vapor de agua. Medido sobre el poder calorífico superior, que es toda la energía que hay realmente en el combustible, ninguna caldera pasa del 100 %. Sigue siendo la mejor caldera que puedes comprar hoy, pero conviene saber qué estás comparando cuando alguien pone un 109 % al lado de un 3,5.

Tipos de caldera que todavía te puedes encontrar

  • Atmosférica de cámara abierta: toma el aire de combustión de la propia estancia y evacua por tiro natural. Es la generación más antigua, la menos eficiente y la que más problemas de ventilación y seguridad plantea. Si tienes una de estas, casi cualquier cambio va a mejorar tu situación.
  • Estanca de cámara cerrada: coge el aire del exterior y expulsa los humos de forma forzada por un conducto concéntrico. Mucho más segura y bastante más eficiente que la atmosférica, pero sin condensación.
  • De bajo NOx: modifica el quemador para reducir las emisiones de óxidos de nitrógeno. Es una mejora ambiental y de cumplimiento normativo, no de rendimiento.
  • De condensación: la única que se comercializa hoy para vivienda nueva. Recupera el calor latente de los humos siempre que el circuito se lo permita.

Un apunte que casi nadie tiene en cuenta: una caldera de gas moderna también necesita electricidad para la bomba circuladora, la electrónica y el encendido. Si se va la luz, te quedas sin calefacción exactamente igual que con una bomba de calor. La única calefacción autónoma frente a un corte eléctrico es una estufa de combustible sólido.

Cómo funciona una bomba de calor aire-agua

La aerotermia no genera calor: lo traslada. Parece un eslogan y es literalmente lo que ocurre dentro de la máquina. Un circuito cerrado con un refrigerante recorre cuatro componentes en bucle:

  1. Evaporador (en la unidad exterior): el refrigerante llega a muy baja presión y a una temperatura por debajo de la del aire de la calle. Como está más frío que el aire, absorbe calor de él y se evapora. Sí, incluso cuando fuera hay dos grados: ese aire tiene energía térmica de sobra respecto a un refrigerante que evapora bastante por debajo de cero.
  2. Compresor: comprime ese gas y, al comprimirlo, su temperatura sube muchísimo. Este es el único punto donde metes electricidad al sistema, y es lo que pagas.
  3. Condensador (en el módulo hidráulico): el gas caliente cede su calor al agua del circuito de tu casa y vuelve a hacerse líquido.
  4. Válvula de expansión: baja bruscamente la presión del líquido, lo enfría y lo devuelve al evaporador para empezar otra vez.

El resultado es que con un kilovatio hora de electricidad puedes entregar varios kilovatios hora de calor al agua. La diferencia no sale de la nada ni viola ningún principio de la termodinámica: la pone el aire exterior, que es gratis, y la electricidad solo paga el trabajo de moverla de un sitio a otro. Es el mismo principio de un frigorífico funcionando al revés, con el condensador conectado a tus radiadores en lugar de a la rejilla trasera del electrodoméstico.

Por qué rinde distinto en clima frío

Cuanto más frío está el aire de la calle, menos energía hay disponible en el evaporador y mayor es el salto de temperatura que tiene que salvar el compresor entre el exterior y el agua que quieres calentar. Trabajar contra un salto grande cuesta más electricidad, así que el rendimiento baja. Es lo mismo que le pasa a un coche subiendo un puerto: el motor es el mismo, pero el consumo se dispara porque la pendiente es mayor.

Eso tiene dos consecuencias prácticas que conviene interiorizar:

  • La bomba de calor rinde peor justo cuando más la necesitas, es decir, en los días más fríos del año. Por eso el dato que importa no es el rendimiento en condiciones suaves, sino el rendimiento medio a lo largo de toda la temporada y la potencia que la máquina puede entregar en el día de diseño de tu zona climática.
  • La potencia térmica que aparece en el nombre comercial se mide en unas condiciones concretas. La misma máquina «de 12 kW» entrega bastante menos cuando fuera hay siete grados bajo cero. Los fabricantes publican tablas de potencia y rendimiento a distintas temperaturas exteriores y de impulsión: eso es lo que hay que mirar, no la etiqueta del modelo.

Humedad, desescarche y ciclo invertido

Hay un fenómeno específico del aire como fuente de calor. Cuando la temperatura exterior se mueve en la franja templada-fría con humedad relativa alta (una mañana de niebla en el valle del Ebro, o casi cualquier día de invierno en la cornisa cantábrica), el vapor de agua del aire se congela sobre la batería del evaporador. Ese hielo tapona el paso del aire y el rendimiento cae en picado. La máquina lo detecta e invierte el ciclo unos minutos para derretirlo: durante ese tiempo consume electricidad y no está calentando tu casa; incluso le quita un poco de calor al circuito.

No es una avería, es funcionamiento normal y está contemplado en los ensayos de rendimiento estacional. Pero explica por qué la misma máquina se comporta distinto en Burgos (frío y seco) y en Santander (menos frío y mucho más húmedo), y por qué el dato de un clima no se puede trasladar al otro sin más.

Monobloc, bibloc y aire-aire: no todas son lo mismo

  • Monobloc: todo el circuito de refrigerante va sellado dentro de la unidad exterior y a la casa solo entran dos tubos de agua. Instalación más rápida y menos puntos de fuga. A cambio, esos tubos de agua están a la intemperie: donde hiela de verdad hay que resolver la protección antihielo, ya sea con glicol o con la función de protección del propio equipo, que necesita que no le quites la corriente.
  • Bibloc o partida: unidad exterior más módulo hidráulico interior, unidos por tubería frigorífica. Suele comportarse algo mejor con frío intenso y ocupa menos en el exterior, pero la conexión del refrigerante exige personal con certificación de manipulación de gases fluorados y control de estanqueidad.
  • Compacta con acumulador integrado: el módulo interior lleva dentro el depósito de agua caliente sanitaria. Cómoda si tienes un cuarto de instalaciones; ocupa aproximadamente como un frigorífico alto.
  • Aire-aire: la bomba entrega el calor directamente al aire de la vivienda mediante splits o conductos. Es la opción más sencilla y la que menos obra necesita, pero no te da agua caliente sanitaria, así que hay que resolver el ACS aparte.

COP y SCOP: qué significan y por qué no son un dato universal

Vas a ver estas dos siglas en todos los folletos, y las dos se usan mal constantemente.

El COP (coefficient of performance, coeficiente de rendimiento) es la relación entre el calor que la máquina entrega y la electricidad que consume en un instante y en unas condiciones concretas. Si un fabricante declara un COP de cuatro, quiere decir que en ese punto concreto de ensayo, con esa temperatura exterior y esa temperatura de agua, la máquina entrega cuatro unidades de calor por cada una de electricidad. Cambia cualquiera de las dos condiciones y el número cambia. Un COP sin decir a qué temperatura exterior y a qué temperatura de impulsión se ha medido no significa absolutamente nada: es como decir que un coche consume cinco litros sin decir si es en ciudad o en autovía.

El SCOP (seasonal COP, rendimiento estacional) intenta arreglar eso. Es un rendimiento medio ponderado a lo largo de toda una temporada de calefacción tipo, calculado con la metodología de ensayo europea armonizada (la serie de normas EN 14511 y EN 14825), que reparte las horas de funcionamiento entre distintas temperaturas exteriores. Se calcula para tres perfiles climáticos europeos —cálido, medio y frío— y para una temperatura de impulsión concreta, normalmente una aplicación de baja temperatura y otra de media temperatura.

Por qué no te doy aquí una cifra de COP ni de SCOP

Porque cualquier número que pusiera sería falso para la mayoría de quien lo lea. El rendimiento real de tu instalación depende, como mínimo, de:

  • El modelo y el tamaño concretos de la máquina, incluido si el compresor modula bien a carga parcial o va a dar tirones de todo o nada.
  • La temperatura exterior a lo largo del invierno en tu localidad, que no es la media anual de tu provincia.
  • La temperatura de impulsión que le exijan tus emisores, que es el factor que más pesa de todos.
  • La humedad, por los ciclos de desescarche.
  • Cuánto entre la resistencia eléctrica de apoyo, que trabaja con un rendimiento de 1 y hunde la media si la máquina se queda corta.
  • Cómo esté configurada la curva de calefacción y si el termostato modula o funciona por todo o nada.

Lo que sí puedes hacer, y es mucho más útil que fiarte de una cifra de internet, es buscar la ficha técnica del modelo concreto y la etiqueta energética del equipo. El etiquetado energético europeo de aparatos de calefacción obliga al fabricante a publicar la clase de eficiencia estacional y, en la ficha de producto, los valores de rendimiento para las distintas aplicaciones y climas. Ahí tienes tu número, el que corresponde a la máquina que te están ofreciendo, no a una máquina genérica.

La regla mental que sí es universal

Aunque no pueda darte cifras, hay una relación que se cumple siempre y que te sirve para juzgar cualquier presupuesto:

Cada grado que bajas la temperatura de impulsión mejora el rendimiento de la bomba de calor. Cada grado que la subes lo empeora. No hay excepciones, no depende de la marca y no hay tecnología que lo esquive: es termodinámica.

Por eso, si un comercial te promete el mismo rendimiento con radiadores de alta temperatura que con suelo radiante, ya sabes que algo no cuadra. Y por eso el dinero mejor invertido de toda la reforma suele ser el que dedicas a que la casa pueda calentarse con agua más templada: aislamiento, emisores con más superficie, ventanas.

La temperatura de impulsión lo cambia todo

Este es el apartado que más gente se salta y el que más disgustos provoca. La temperatura de impulsión es la temperatura a la que sale el agua del generador hacia los emisores. En una instalación antigua con radiadores suele estar entre 70 y 80 °C; en una de suelo radiante, en torno a la treintena.

La cantidad de calor que un radiador entrega a la habitación depende de la diferencia entre la temperatura del agua que lleva dentro y la del aire del cuarto. No es una relación lineal: la emisión cae más deprisa de lo que baja la temperatura del agua. Por eso un radiador que calienta perfectamente una habitación con agua a 75 °C puede quedarse corto con agua a 45 °C, aunque intuitivamente parezca que «un poco menos caliente, un poco menos de calor».

Los catálogos de los fabricantes de radiadores publican la emisión de cada modelo para distintos saltos térmicos, y los instaladores serios recalculan con esos datos antes de prometerte nada. Si el presupuesto que te han pasado no menciona a qué temperatura de impulsión va a trabajar la instalación, no es un presupuesto: es un precio.

La prueba de diagnóstico que te cuesta cero euros

Hay una manera casera y muy fiable de saber si la aerotermia va a funcionar bien en tu casa antes de gastarte nada: baja la temperatura de impulsión de tu caldera actual a un valor moderado durante una semana fría de enero y vive así. La mayoría de calderas te dejan ajustar ese parámetro desde el propio panel.

  • Si la casa mantiene el confort con agua templada, tus emisores y tu envolvente están preparados y una bomba de calor va a rendir bien.
  • Si pasas frío o los radiadores tardan una eternidad en calentar, ya sabes que necesitas actuar sobre los emisores, sobre el aislamiento o sobre ambos antes de cambiar de generador.

Esa semana de prueba te da más información sobre tu caso concreto que veinte artículos y que tres comerciales. Y tiene un efecto colateral interesante: si tienes caldera de condensación, es muy probable que también te baje el consumo de gas, porque estarás haciéndola condensar por primera vez.

Emisores: radiadores, suelo radiante y fancoils

EmisorTemperatura de agua a la que trabajaEncaje con bomba de calorQué comprobar antes de decidir
Radiadores dimensionados para alta temperaturaAltaEl peor de los escenarios: obliga a impulsar caliente y hunde el rendimientoEmisión de cada radiador en el catálogo con agua templada frente a la demanda de cada habitación
Radiadores sobredimensionados o de baja temperaturaMediaBueno, sobre todo si hay superficie de emisión de sobraSi añadiendo elementos o cambiando dos o tres unidades clave llegas a la demanda
Suelo radiante hidráulicoBajaEl mejor compañero posible de una bomba de calorCota disponible para recrecido, recorte de puertas y tipo de pavimento
Fancoils (ventiloconvectores)Media-bajaMuy bueno, y además dan frío en verano con la misma máquinaRuido del ventilador y desagüe de condensados en modo refrigeración
Aire-aire por splits o conductosNo aplica: entrega calor al aireMuy eficiente, pero no resuelve el agua caliente sanitariaReparto por estancias y solución independiente para el ACS

Radiadores existentes: sí, pero con cabeza

Puedes conectar una bomba de calor a los radiadores que ya tienes. La pregunta no es si se puede, sino a qué temperatura tendrás que impulsar para que la casa esté a gusto. Las tres palancas para arreglar un circuito justo son, de menos a más obra:

  1. Añadir elementos a los radiadores que se queden cortos, si el modelo lo permite. Es la intervención más barata y la que menos molesta.
  2. Sustituir dos o tres radiadores clave por modelos de baja temperatura con más superficie o con ventilador incorporado, normalmente los del salón y los dormitorios orientados al norte.
  3. Reducir la demanda de la habitación mejorando ventanas, cajones de persiana o el aislamiento del muro. Esto arregla el problema en origen y, además, te permite comprar una máquina más pequeña.

Suelo radiante: el mejor compañero

Con agua a temperatura baja es el escenario donde la bomba de calor da su máximo rendimiento. Además reparte el calor de forma uniforme, no reseca el ambiente ni genera corrientes de convección con polvo en suspensión, y en verano permite hacer suelo refrescante, que no sustituye al aire acondicionado pero reduce su carga.

Sus inconvenientes son reales y conviene tenerlos claros: la obra es cara si hay que levantar pavimento, la inercia térmica es alta (tarda horas en reaccionar, así que funciona mal con usos intermitentes tipo segunda residencia de fin de semana) y sube la cota del suelo terminado, lo que obliga a recortar puertas y a resolver los encuentros con el resto de la vivienda. Los sistemas de bajo espesor reducen ese problema a costa de precio.

Fancoils: la solución de compromiso

Un fancoil es un intercambiador con un ventilador que fuerza el paso del aire. Al mover aire, entrega el calor con agua bastante más templada que un radiador de la misma potencia, y en verano puede funcionar con agua fría y darte refrigeración con la misma máquina y las mismas tuberías. Reacciona rápido, ocupa poco y es lo más razonable cuando quieres climatización completa y no puedes hacer suelo radiante.

En contra: hace ruido (poco, pero audible, sobre todo en dormitorios) y en modo frío produce condensados, así que necesita desagüe. Ese detalle del desagüe se olvida con frecuencia en las reformas y luego obliga a improvisar bombas de condensados.

Sistema mixto: lo que hace la gente que sabe

Muchas instalaciones bien resueltas combinan suelo radiante en la zona de día con fancoils o radiadores de baja temperatura en dormitorios y baños, repartidos en dos circuitos a distinta temperatura y gestionados con una válvula mezcladora. Encarece la centralita y los colectores, y resuelve de una vez el problema clásico de que el baño se quede frío y de que el dormitorio tarde en responder.

El aislamiento pesa más que la máquina

Si solo pudieras quedarte con una idea de todo el artículo, que sea esta: la envolvente de la vivienda decide más sobre tu factura que el generador que cuelgues de la pared. El generador determina cuánto te cuesta cada unidad de calor; el aislamiento determina cuántas unidades necesitas. Y es mucho más fácil bajar la demanda que multiplicar el rendimiento.

Piensa en una casa como en un cubo con agujeros. La calefacción es el grifo que lo rellena. Puedes comprar un grifo mucho más eficiente, y está bien, pero si tapas los agujeros necesitas menos agua para mantener el nivel. Las dos cosas suman, y el orden correcto es primero tapar y luego dimensionar el grifo, porque si lo haces al revés compras una máquina más grande de la que vas a necesitar.

Por dónde se escapa el calor en una vivienda española típica

  • Ventanas y huecos: la carpintería de aluminio sin rotura de puente térmico con vidrio simple es, con diferencia, el punto más débil del parque de vivienda construido antes de los años noventa. Además de la pérdida por el vidrio, está la infiltración de aire por las juntas.
  • Cajones de persiana: el agujero silencioso. Muchos son cajas huecas sin aislar que comunican directamente con el exterior. Rellenarlos es barato y el efecto se nota el mismo día.
  • Cubierta y último piso: el calor sube. Un bajo cubierta sin aislar o una azotea sin capa aislante es una de las mayores pérdidas de la vivienda unifamiliar.
  • Suelo sobre local no calefactado o sobre garaje: típico de los primeros pisos, y raramente aislado.
  • Puentes térmicos: pilares, frentes de forjado, encuentros de fachada. Se detectan con una cámara termográfica y son la razón de muchas manchas de moho en esquinas.
  • Infiltraciones: rendijas de puertas, pasos de instalaciones, chimeneas abiertas. No cuestan casi nada de arreglar y dan un resultado desproporcionado.

Qué hacer antes de pedir presupuestos de calefacción

El orden que tiene sentido técnico es: reducir demanda, medir, y luego dimensionar. En la práctica:

  1. Pide el certificado de eficiencia energética de tu vivienda si lo tienes (es obligatorio para vender o alquilar) y lee el apartado de medidas de mejora recomendadas. Suele ser el documento más ignorado de cualquier compraventa.
  2. Sella infiltraciones y aísla cajones de persiana. Es la actuación con mejor relación entre lo que cuesta y lo que mejora.
  3. Si vas a cambiar ventanas, hazlo antes de dimensionar el generador, no después.
  4. Exige que el cálculo de la potencia necesaria se haga con la metodología de cálculo de cargas térmicas que corresponde (la referencia habitual en España es la norma UNE-EN 12831) y con los datos climáticos de tu zona según el Código Técnico, no con la regla del pulgar de «cien vatios por metro cuadrado» que todavía se oye.

Una vivienda mal aislada con una bomba de calor cara sigue siendo una vivienda mal aislada. La máquina no es un sustituto del aislamiento: es lo que pones después de haberlo resuelto.

Cómo comparar el coste de la energía tú mismo

Aquí no vas a encontrar el precio del kilovatio hora del gas ni el de la luz, y es deliberado: esos precios cambian de un mes a otro, de una comercializadora a otra y de una hora a otra del día si tienes tarifa indexada. Cualquier cifra que escribiera hoy sería mentira dentro de seis meses y te induciría a error justo en la decisión más cara. Lo que sí puedes hacer es el cálculo con tus números, que además son los únicos que importan. Son cinco pasos y se hacen en una tarde.

PasoQué necesitasDónde lo consigues
1. Tu consumo real de energía para calefacción y ACSKilovatios hora de gas consumidos en un año completoTus doce últimas facturas de gas, o el histórico de la zona privada de tu comercializadora
2. El rendimiento de tu caldera actualRendimiento estacional estimado según tipo y regulaciónFicha técnica del equipo y tipo de caldera (atmosférica, estanca, condensación) más la temperatura de impulsión a la que la tienes puesta
3. El calor que realmente necesita tu casaDemanda térmica anual = energía consumida × rendimientoSe calcula con los dos datos anteriores
4. El rendimiento estacional del equipo candidatoValor declarado para tu clima y tu temperatura de impulsiónFicha de producto y etiqueta energética del modelo concreto que te ofrecen
5. Los precios que pagas túPrecio final del kilovatio hora de gas y de electricidad, con impuestos, y los términos fijos de cada suministroTus propias facturas, no una media publicada

El cálculo, en una línea

Con esos cinco datos, la comparación es una división:

  • Coste anual con caldera = (demanda térmica ÷ rendimiento de la caldera) × precio del kWh de gas + términos fijos del contrato de gas.
  • Coste anual con bomba de calor = (demanda térmica ÷ rendimiento estacional de la bomba) × precio del kWh de electricidad + el incremento del término de potencia si tienes que ampliar.

Y hay un atajo mental para saber quién gana sin hacer cuentas finas: divide el precio del kilovatio hora de electricidad entre el precio del kilovatio hora de gas. Ese cociente es la barrera que tu bomba de calor tiene que superar, corregida por el rendimiento de la caldera. Si el rendimiento estacional de la bomba es mayor que ese cociente multiplicado por el rendimiento de tu caldera, la bomba gana en coste de operación. Si es menor, pierde. Es una regla que sigue siendo válida aunque los precios se muevan, y por eso vale más que cualquier tabla con euros congelados.

Los detalles que se olvidan siempre

  • Los términos fijos. Un contrato de gas se paga todos los meses aunque no consumas nada. Si dejas de usar el gas pero mantienes el contrato «por si acaso», sigues pagando el fijo y el alquiler del contador durante años. Si te pasas a bomba de calor, plantéate dar de baja el suministro de verdad, salvo que conserves cocina de gas.
  • El término de potencia eléctrica. Si tienes que ampliar potencia contratada, ese incremento se paga los doce meses del año, no solo en invierno. Réstalo del ahorro.
  • La discriminación horaria. La tarifa de acceso doméstica reparte el día en tramos con precios distintos. Una instalación con inercia (suelo radiante, o un acumulador de ACS bien dimensionado) puede concentrar buena parte del consumo en las horas baratas. Eso no cambia el rendimiento de la máquina, pero sí lo que pagas por la electricidad que consume.
  • El autoconsumo solar. Si tienes o vas a poner placas, la bomba de calor es una de las mejores cargas que puedes acoplarles, porque puedes programarla para trabajar en las horas centrales del día y subir la temperatura del acumulador o del suelo radiante cuando hay producción.

Qué entra y qué no entra en un presupuesto de aerotermia

Cuando te pasen tres presupuestos y uno sea mucho más barato que los otros dos, casi nunca es porque el instalador sea más eficiente. Es porque faltan partidas. Estas son las que más se omiten, y todas tienen consecuencias sobre el rendimiento o sobre la durabilidad del equipo:

  • Cálculo de cargas térmicas por estancias. No es papeleo: es lo que determina el tamaño de la máquina y si tus emisores dan la talla. Si no aparece, exígelo por escrito.
  • Bancada y soportes antivibratorios para la unidad exterior. Sin ellos, la vibración del compresor se transmite a la estructura del edificio y acabas con un conflicto vecinal.
  • Depósito de inercia. En instalaciones con radiadores y válvulas termostáticas, es lo que impide que el compresor arranque y pare cada pocos minutos. Los ciclos cortos son la principal causa de muerte prematura de un compresor.
  • Limpieza química del circuito y filtro desmagnetizador. Si conectas una máquina nueva a una instalación antigua llena de lodos y óxido, el intercambiador se te ensucia y pierde rendimiento en un par de temporadas.
  • Vaso de expansión adecuado al volumen de agua real de la instalación, que cambia si añades suelo radiante o depósito.
  • Termostato o control con modulación. Un termostato de todo o nada convierte una máquina modulante en una máquina tonta y te come buena parte del ahorro.
  • Protección antihielo del circuito exterior en equipos monobloc si vives donde hiela.
  • Documentación y legalización: certificado de la instalación térmica, puesta en marcha por servicio técnico autorizado del fabricante y, cuando proceda por potencia, el proyecto o memoria técnica correspondiente.
  • Ampliación de potencia eléctrica y boletín si la instalación de la vivienda lo requiere.
  • Retirada y taponado de la acometida de gas si decides dar de baja el suministro.

Y una advertencia sobre el tipo impositivo, porque es un error de plantilla muy común en los presupuestos descargados de internet: en Canarias no se aplica IVA, sino IGIC. Un presupuesto que hable de «IVA reducido de obra» en un domicilio canario está copiado de una plantilla peninsular y conviene revisarlo entero.

Cómo calcular tu propia amortización

La cuenta que la gente hace mal es esta: dividir el precio de la aerotermia entre el ahorro anual. No es correcto, porque si tu caldera está al final de su vida útil ibas a gastar dinero de todas formas. La cifra honesta es el sobrecoste incremental: lo que cuesta la bomba de calor menos lo que te habría costado el equipo que tenías que poner igualmente.

Con eso, la fórmula queda así:

Años hasta recuperar = (coste de la bomba de calor − coste de la caldera que ibas a poner de todas formas − ayudas efectivamente cobradas) ÷ (ahorro anual en energía − incremento anual de términos fijos y mantenimiento)

Cuatro avisos para que el resultado no te engañe:

  1. El ahorro absoluto crece con la demanda. El porcentaje de ahorro es parecido en todas las casas, pero solo ahorras dinero sobre el consumo que tienes. Por eso el cambio tiene mucho más recorrido financiero en una vivienda grande y fría que en un piso pequeño en zona templada, aunque la eficiencia relativa sea idéntica.
  2. Cuenta las ayudas solo cuando las tengas cobradas. Las convocatorias se agotan, los plazos se pasan y los requisitos documentales tumban solicitudes. Haz el cálculo sin ayuda y trata la ayuda como una mejora del resultado, no como una premisa.
  3. Incluye el mantenimiento de los dos escenarios, no solo el de uno. Y ten en cuenta que si conservas el gas para la cocina, el término fijo sigue ahí.
  4. Haz un escenario con los precios moviéndose. Calcula qué pasa si el gas sube y la luz se queda quieta, y al revés. Si tu decisión solo funciona en uno de los dos escenarios, es una decisión frágil.

El factor que no aparece en la hoja de cálculo

Cambiar el generador por uno que consume menos energía primaria no renovable suele mejorar la calificación del certificado de eficiencia energética de la vivienda, que es un dato público en el anuncio cuando vendes o alquilas. Que eso se traduzca en más precio de venta depende del mercado local y no es algo que puedas dar por seguro, así que no lo metas en la cuenta como dinero garantizado. Tampoco lo ignores si tienes previsto vender en unos años.

Ayudas y deducciones: dónde mirar de verdad

Este apartado va a parecerte corto comparado con lo que encontrarás en otras webs, y hay una razón: aquí no vas a leer porcentajes ni importes de ayudas. Las convocatorias de rehabilitación energética cambian cada ejercicio, se agotan por orden de entrada, tienen requisitos distintos en cada comunidad autónoma y sus condiciones se publican en boletines oficiales que se modifican sobre la marcha. Publicar una cifra concreta en un artículo sería falsear el precio final de tu instalación, que es exactamente lo que más daño te puede hacer.

Lo que sí es estable es dónde hay que mirar y en qué orden hay que hacer las cosas, y eso es lo que te sirve.

Las tres vías que conviene revisar

  1. Deducción en el IRPF por obras de mejora de la eficiencia energética. La normativa del impuesto contempla deducciones por actuaciones que reduzcan la demanda de calefacción y refrigeración o el consumo de energía primaria no renovable de la vivienda. El requisito documental que más solicitudes tumba es siempre el mismo: hacen falta dos certificados de eficiencia energética emitidos por técnico competente, uno anterior a la obra y otro posterior, y la mejora tiene que alcanzar el umbral exigido. Si no encargas el certificado previo antes de empezar, la deducción se pierde y no hay forma de recuperarla. Consulta las condiciones y los plazos vigentes en la sede electrónica de la AEAT.
  2. Programas autonómicos de rehabilitación energética. Cada comunidad autónoma publica y gestiona sus propias convocatorias, con sus bases, sus plazos y su presupuesto. Dos reglas prácticas que se repiten en casi todas: normalmente no puedes haber iniciado la obra ni haber pagado nada antes de presentar la solicitud, y se resuelven por orden de entrada hasta agotar fondos. Lo operativo es tener el presupuesto firmado sin ejecutar y presentar la solicitud el primer día hábil de la convocatoria. Busca el portal de energía o la agencia energética de tu comunidad.
  3. Bonificaciones municipales. Muchos ayuntamientos regulan en sus ordenanzas fiscales bonificaciones del IBI o del impuesto de construcciones para viviendas que instalan sistemas de aprovechamiento térmico renovable. Son cantidades modestas pero recurrentes y casi nadie las pide. Llama a tu ayuntamiento antes de solicitar la licencia de obra, porque a veces el trámite hay que iniciarlo en ese momento.

El punto de partida fiable

Para orientarte sobre qué programas existen y qué tecnologías cubren, la referencia institucional es el IDAE, el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía, que publica y coordina los programas de ámbito estatal y enlaza a los órganos gestores autonómicos. A partir de ahí, el portal de energía de tu comunidad autónoma es quien tiene la convocatoria concreta y sus bases.

Un bulo que conviene desmontar

Circula mucho por internet, y lo hemos encontrado en páginas de este mismo sector: el Plan MOVES III no financia aerotermia ni bombas de calor para climatización. Es un programa de incentivos a la movilidad eléctrica: vehículos eléctricos y de pila de combustible e infraestructura de recarga. Si un comercial o un artículo te lo ofrece como vía de financiación para tu calefacción, está equivocado o te está engañando, y conviene que dudes también del resto de sus cifras.

Y algo que sí puedes dar por hecho

La dirección de la política pública europea y española lleva años siendo la misma: las ayudas se dirigen a sistemas de energía renovable y alta eficiencia, y se han ido retirando de los equipos de combustible fósil. Si esperabas una subvención para poner una caldera de gas nueva, ese no es el escenario. Confírmalo en la convocatoria concreta, pero no construyas tu presupuesto sobre esa expectativa.

Esto es información general, no asesoramiento fiscal ni técnico. Antes de comprometer una inversión importante, confirma las condiciones vigentes con tu asesor fiscal, con la oficina de gestión de ayudas de tu comunidad autónoma y con un instalador habilitado que visite tu vivienda.

Agua caliente sanitaria, acumulación y legionela

La calefacción se lleva los titulares, pero el agua caliente sanitaria es lo que consumes los doce meses del año, y es donde la bomba de calor tiene un comportamiento distinto al de la caldera que conviene entender antes de decidir.

Instantáneo frente a acumulado

Una caldera mixta produce el agua caliente al instante: abres el grifo, el quemador se enciende a plena potencia y calienta el agua a su paso. No necesita depósito y por eso ocupa tan poco.

Una bomba de calor aire-agua trabaja de otra manera: entrega potencia moderada de forma continua, así que necesita un acumulador donde ir guardando agua caliente. Eso cambia dos cosas en tu casa. La primera es el espacio: hay que encontrar sitio para un depósito, integrado en el módulo interior o independiente. La segunda es que el confort ya no depende de la potencia instantánea sino del volumen acumulado y de la velocidad de recuperación: puedes encadenar varias duchas sin problema mientras quede agua en el depósito, y si lo agotas tendrás que esperar a que se recupere.

Dimensionar el acumulador es cuestión de cuántos sois, de vuestros hábitos (si hay bañera grande, si os ducháis todos a la misma hora) y de la potencia de recuperación del equipo. Un depósito escaso es la causa número uno de quejas con la aerotermia en familias numerosas; un depósito enorme es dinero, espacio y pérdidas térmicas que no necesitas.

Legionela: qué es y qué implica en tu casa

La Legionella es una bacteria que prolifera en el agua estancada dentro de un rango de temperaturas templadas y que se transmite por inhalación de aerosoles, no por beber. Las instalaciones de agua caliente sanitaria con acumulación están entre las que pueden favorecer su desarrollo si se mantienen a temperaturas intermedias durante mucho tiempo.

La normativa española de prevención y control de la legionelosis establece los requisitos higiénico-sanitarios que deben cumplir las instalaciones incluidas en su ámbito de aplicación, junto con los criterios técnicos de temperatura de acumulación y de distribución. Las instalaciones de una vivienda unifamiliar particular no están, en general, entre las instalaciones sujetas a ese régimen de control, pero el criterio técnico sigue siendo válido y todos los fabricantes lo incorporan: por eso los equipos de aerotermia traen de serie una función de choque térmico o ciclo antilegionela, que eleva periódicamente la temperatura del acumulador por encima del rango de riesgo.

Dos consecuencias prácticas:

  • Ese ciclo a temperatura alta lo suele hacer la resistencia eléctrica de apoyo, porque el compresor no llega cómodamente a esa temperatura. Consume, y está bien que consuma: es seguridad sanitaria, no un defecto del equipo. Lo que hay que evitar es que la resistencia trabaje también el resto del tiempo.
  • No desactives la función antilegionela para ahorrar unos euros, y desconfía de quien te lo proponga. Si la vivienda va a estar mucho tiempo sin uso, lo razonable es hacer un ciclo y purgar la instalación al volver, en lugar de apagar la protección.

Si en tu caso el ACS lo vas a resolver aparte (por ejemplo porque eliges un sistema aire-aire), la alternativa habitual es un termo con bomba de calor integrada, que aplica el mismo principio en pequeño y también incorpora ciclo antilegionela.

Ruido y ubicación de la unidad exterior

Es el motivo de conflicto vecinal más frecuente de esta tecnología, y el que más instalaciones deja a medias cuando alguien se salta el paso de pedir permiso. La unidad exterior contiene un compresor y uno o dos ventiladores, y ambos hacen ruido: un zumbido continuo de baja frecuencia más el movimiento del aire.

Cómo se mide y qué números buscar

Los fabricantes publican dos datos distintos que se confunden constantemente. El nivel de potencia sonora es una característica del aparato, independiente de dónde lo pongas; es el dato que aparece en la ficha técnica y en el etiquetado. El nivel de presión sonora es lo que se oye en un punto concreto, y depende de la distancia, de las superficies reflectantes que haya alrededor y de si está en una esquina o al aire libre. Pedir «cuántos decibelios hace» sin especificar cuál de los dos y a qué distancia no sirve de nada: exige el dato de la ficha del fabricante del modelo concreto.

Lo que sí es una ley física útil: el nivel percibido cae con la distancia, y cada vez que doblas la separación entre la máquina y la ventana del vecino ganas mucho. Alejarla tres metros más suele resolver un problema que ninguna pantalla acústica arregla igual de bien.

Reglas de colocación que evitan disgustos

  • Lo más lejos posible de ventanas de dormitorio, propias y ajenas, y nunca enfrentada directamente a una.
  • Sobre soportes antivibratorios y jamás anclada a un tabique ligero o a una medianera hueca: la estructura transmite la vibración mucho mejor que el aire.
  • Con espacio libre delante y detrás para que el aire circule. Encajonarla en un hueco cerrado hace que reingiera su propio aire frío, se hiele antes y rinda peor. Las celosías decorativas muy tupidas son un clásico de este error.
  • Elevada del suelo si vives donde nieva o donde se acumula agua, y con salida para el condensado que genera durante los desescarches, que en invierno puede ser bastante y que si cae a una zona de paso se convierte en hielo.
  • Con la autorización de la comunidad de propietarios por escrito antes de firmar el presupuesto si va en fachada, patio o cubierta comunes. Los estatutos mandan sobre lo que se puede instalar en elementos comunes, y un «no» posterior te deja con una máquina que no puedes montar.
  • Consulta también la ordenanza municipal de ruidos de tu ayuntamiento: fija límites de inmisión en el interior de las viviendas colindantes, con valores más exigentes en horario nocturno. Es la norma que se aplica si alguien denuncia.

Si vives cerca del mar

El ambiente salino ataca la batería de aluminio y cobre del intercambiador exterior. Si estás a poca distancia de la costa, pide de forma explícita un equipo con tratamiento anticorrosión en la batería y carcasa preparada para ambiente marino. El sobrecoste es pequeño comparado con la pérdida progresiva de rendimiento de una batería corroída, que además es difícil de detectar porque ocurre poco a poco.

Mantenimiento, normativa y gases fluorados

Las dos tecnologías tienen obligaciones legales distintas, y conviene conocerlas porque afectan al coste de uso y porque su incumplimiento puede dejarte sin cobertura de seguro.

AspectoCaldera de gasBomba de calor (aerotermia)
Norma de referencia del mantenimientoReglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE) y desarrollo autonómicoReglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE) y desarrollo autonómico
Revisión de la instalación de combustibleInspección periódica obligatoria de la instalación receptora de gas, que gestiona la distribuidoraNo aplica: no hay instalación de combustible
Normativa específica del refrigeranteNo aplicaNormativa europea de gases fluorados de efecto invernadero y su desarrollo estatal
Riesgo de seguridad característicoMonóxido de carbono y fugas de gas combustibleNinguno de combustión; riesgo eléctrico y mecánico ordinario
Quién puede intervenirEmpresa instaladora de gas habilitadaEmpresa instaladora térmica habilitada; certificación de gases fluorados para manipular el circuito frigorífico
Tareas de usuarioVigilar presión del circuito, purgar radiadores, no obstruir rejillas de ventilaciónMantener libre el flujo de aire de la unidad exterior, limpiar hojas y suciedad, vigilar presión del circuito
Componente críticoIntercambiador y placa electrónicaCompresor

Lo que obliga el RITE

El Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios establece las operaciones de mantenimiento preventivo que deben hacerse a las instalaciones de calefacción y climatización, y las inspecciones periódicas de eficiencia energética de los generadores. La frecuencia depende de la potencia térmica nominal del equipo y del tipo de combustible, y cada comunidad autónoma concreta el calendario, el modelo de certificado y el organismo ante el que se registra. Por eso no existe una respuesta única válida para toda España: lo correcto es consultar la normativa de tu comunidad o preguntar a tu empresa mantenedora, que es quien tiene que emitir el certificado.

Lo que sí es común es el criterio: una instalación térmica se mantiene, se registra lo que se hace y el documento acreditativo se conserva. No es papeleo inútil; es lo que te pide el seguro si un día hay un siniestro y lo que te pide el comprador si vendes.

La revisión de la instalación de gas

Además del mantenimiento de la caldera, la instalación receptora de gas de la vivienda tiene su propia inspección periódica obligatoria, que promueve la empresa distribuidora y que verifica la estanqueidad de la instalación, el estado de los aparatos y la ventilación de los locales. Es un trámite conocido y, por desgracia, también el gancho de un fraude habitual: falsos revisores que se presentan sin aviso y cobran cantidades desproporcionadas. Tu distribuidora avisa previamente y las tarifas están reguladas; ante cualquier duda, llama tú a la distribuidora antes de dejar entrar a nadie.

Gases fluorados: qué tienes que saber como propietario

El circuito frigorífico de una bomba de calor contiene un refrigerante que, en la mayoría de equipos actuales, es un gas fluorado de efecto invernadero. La normativa europea regula su uso, su manipulación y su control, y de ahí salen tres obligaciones prácticas:

  • Solo puede manipular el circuito personal certificado. La carga, la recuperación y cualquier intervención sobre el refrigerante exigen certificación acreditativa de competencia en manipulación de gases fluorados. Esto afecta sobre todo a los equipos partidos, donde la conexión frigorífica se hace en obra; en un monobloc el circuito viene sellado de fábrica y no se abre.
  • El control periódico de fugas depende de la carga. La obligación de someter un equipo a controles de estanqueidad se determina en función de la cantidad de refrigerante que contiene, expresada en toneladas equivalentes de CO2 (es decir, kilos de gas multiplicados por su potencial de calentamiento global), con umbrales escalonados y con una exención para determinados equipos herméticamente sellados. Los equipos domésticos suelen quedar por debajo del primer umbral, pero no lo des por hecho: el dato de carga y el tipo de refrigerante vienen en la placa de características y en la ficha técnica, y es una pregunta legítima que hacerle al instalador antes de firmar.
  • Al final de la vida útil, el refrigerante se recupera. No se ventila a la atmósfera. Un desguace del equipo por alguien sin certificación es ilegal además de contaminante.

Conviene además preguntar qué refrigerante lleva el equipo que te ofrecen. La regulación europea está reduciendo progresivamente la cantidad de gases de alto potencial de calentamiento que pueden ponerse en el mercado, lo que empuja al sector hacia refrigerantes con menor impacto. Un equipo con un refrigerante en proceso de retirada puede dar problemas de disponibilidad y precio de recarga dentro de unos años.

Antes de firmar, pide tres papeles: el número de empresa instaladora habilitada, el certificado de gases fluorados si el equipo es partido, y el compromiso de que la puesta en marcha la hace el servicio técnico oficial del fabricante. Sin eso, muchas garantías ampliadas se quedan en la garantía legal mínima.

La potencia eléctrica contratada: el detalle que descoloca presupuestos

Este punto se olvida en la mitad de los presupuestos y luego aparece como una sorpresa desagradable. Una bomba de calor es un aparato eléctrico de consumo significativo, y su punto de máxima demanda coincide precisamente con las horas en las que ya tienes encendido el resto de la casa.

Por qué puede hacer falta ampliar

Muchas viviendas españolas, sobre todo pisos antiguos, están contratadas con una potencia ajustada que da de sí porque nunca coinciden demasiados aparatos a la vez. Añade el compresor de una bomba de calor trabajando a tope una mañana de enero, súmale la posible entrada de la resistencia eléctrica de apoyo, y el interruptor de control de potencia salta. Que salte no es una avería: es el sistema funcionando como debe.

La solución pasa por ampliar la potencia contratada, y eso tiene tres implicaciones que hay que tener en la cabeza antes de decidir:

  • El término de potencia se paga todo el año. Un incremento de potencia lo pagas en enero y en agosto, uses la calefacción o no. Réstalo del ahorro anual cuando hagas tus cuentas.
  • La tarifa de acceso doméstica permite contratar potencias distintas en los dos periodos (punta y valle). Como la bomba de calor puede trabajar mucho en horas valle, ahí hay margen de optimización real que muy poca gente aprovecha.
  • Puede hacer falta actualizar la instalación de la vivienda. Si el cuadro eléctrico, la sección del cable o el grado de electrificación no admiten la nueva potencia, la comercializadora te pedirá un certificado de instalación eléctrica emitido por instalador autorizado. En edificios antiguos puede aparecer además el límite de la instalación común del inmueble, que ya no depende solo de ti.

Si quieres afinar antes de nada, revisa tu curva de consumo horaria en la zona privada de tu distribuidora: ahí ves tus máximos reales, no los estimados. Y si el asunto te interesa, tenemos una guía específica sobre cómo cambiar la potencia contratada y qué implica, con el detalle del trámite.

Cuándo la sustitución no compensa

Ningún artículo honesto sobre aerotermia puede terminar en «cámbiate ya». Hay situaciones en las que la sustitución es una mala idea, y reconocerlas te ahorra mucho dinero:

  • Caldera de condensación con pocos años de uso y bien regulada. Estarías tirando un equipo con vida útil por delante para ganar un diferencial de rendimiento que tardará mucho en pagar la diferencia. Espera al final de su vida y mientras tanto invierte en envolvente.
  • Vivienda con demanda muy baja. En un piso pequeño en zona climática templada, el consumo de calefacción es tan reducido que el ahorro absoluto no da para amortizar una instalación completa. Aquí suele tener más sentido una solución aire-aire y resolver el agua caliente aparte.
  • Segunda residencia de uso ocasional en zona fría. Los sistemas de baja temperatura y alta inercia funcionan mal con usos intermitentes, hay que resolver la protección antihielo del circuito cuando la casa está vacía y el equipo pasa la mayor parte del año parado sin generar ahorro que amortice la inversión.
  • Sin sitio viable para la unidad exterior o sin posibilidad de obtener la autorización de la comunidad. Antes de nada, resuelve dónde va a ir la máquina y con qué permiso.
  • Emisores muy justos y sin margen de mejora asumible. Si para que la bomba de calor rinda hay que rehacer toda la instalación de emisores y no vas a hacerlo, la máquina va a trabajar caliente todo el invierno y el resultado te va a decepcionar.
  • Horizonte corto en la vivienda. Si vas a mudarte en poco tiempo y no tienes que cambiar la caldera igualmente, la inversión difícilmente se recupera en uso; dependerás de que el mercado te la pague en el precio, que no está garantizado.

En el lado opuesto, el escenario donde casi siempre sale a cuenta: vivienda que se calienta con gasóleo o propano, con demanda alta y emisores que admiten trabajar templados. Ahí el diferencial de coste del combustible y el rendimiento juegan a la vez a favor del cambio.

Ocho errores que arruinan el ahorro

  1. Comprar por potencia y no por proyecto. Pedir «una aerotermia de 12 kW» sin cálculo de cargas es jugar a los dados. Exige la demanda calculada de tu vivienda por estancias.
  2. Sobredimensionar la máquina. Parece prudente y es lo contrario: una bomba demasiado grande no modula bien a carga parcial, hace ciclos cortos y se desgasta antes. El objetivo es cubrir la demanda del día de diseño, no el doble.
  3. Usarla como si fuera una caldera, encendiendo y apagando. Estos sistemas quieren trabajar de forma continua y a baja potencia, con la temperatura del agua ajustada automáticamente según el frío que haga fuera. Configúrala bien y déjala trabajar.
  4. No configurar la curva de calefacción. Dejar la temperatura de impulsión fija al máximo es el error de instalación más frecuente y el más caro. La compensación por temperatura exterior existe precisamente para que la máquina trabaje templada cuando el día es suave.
  5. Cerrar la mitad de los radiadores o estrangular las válvulas termostáticas. Reduces el caudal, la máquina se queda sin superficie donde soltar el calor y empieza a pararse por presión alta. Con bomba de calor, el circuito quiere estar abierto.
  6. No tocar el aislamiento. Actuar sobre la envolvente antes de dimensionar te permite comprar una máquina más pequeña y barata, y mejora el resultado con cualquier generador.
  7. Mantener el contrato de gas «por si acaso». Si ya no lo usas, el término fijo y el alquiler del contador se acumulan año tras año sin darte nada a cambio.
  8. Contratar al más barato sin comprobar la habilitación. Pide el número de empresa instaladora, el certificado de gases fluorados cuando proceda y la puesta en marcha oficial. Una instalación sin papeles te deja fuera de cualquier ayuda y puede complicarte un parte del seguro.

Normativa y hacia dónde va el gas en los edificios

Hay un factor que no aparece en ningún presupuesto y que pesa en una decisión a quince o veinte años: la dirección de la regulación.

La normativa europea sobre eficiencia energética de los edificios marca una descarbonización progresiva de la calefacción, con la retirada del apoyo público a los equipos de combustible fósil y un horizonte de eliminación gradual de las calderas alimentadas exclusivamente con combustibles fósiles. En España, a día de hoy, no está prohibido comprar ni instalar una caldera de gas, y las que ya están instaladas pueden seguir funcionando y repararse. Pero el marco empuja en una dirección inequívoca y conviene tenerlo en el radar por tres motivos muy concretos:

  • Obra nueva: los requisitos de consumo de energía primaria no renovable del Código Técnico de la Edificación hacen difícil y caro cumplir solo con gas, y por eso la práctica totalidad de las promociones nuevas monta bomba de calor.
  • Certificado energético: pesa cada vez más en la venta y el alquiler, y un generador de combustible fósil penaliza la calificación.
  • Coste futuro del combustible: las políticas europeas de precio del carbono aplicadas a los edificios presionan al alza el coste del gas doméstico a largo plazo. Nadie puede decirte cuánto ni cuándo, pero la dirección del riesgo es esa y merece la pena que la incorpores a una decisión de veinte años.

Traducido a lo práctico: si instalas hoy una caldera de gas no estás haciendo nada irregular, pero es razonable esperar que dentro de diez o quince años, cuando toque cambiarla, el panorama de opciones y de costes sea distinto.

Preguntas frecuentes

¿Es la aerotermia ruidosa?

La unidad exterior hace un ruido continuo de compresor y ventilador comparable al de la unidad exterior de un aire acondicionado, y casi todos los equipos traen un modo nocturno que limita la velocidad para reducirlo. El nivel concreto lo publica el fabricante en la ficha técnica del modelo, así que pídelo antes de comprar y fíjate en si te están dando potencia sonora o presión sonora a una distancia determinada, porque no son lo mismo. Lo que más influye en el resultado no es el aparato sino dónde lo pongas: alejado de ventanas de dormitorio, sobre soportes antivibratorios, sin encajonar y con aire libre alrededor.

¿Necesito radiadores para la aerotermia?

No necesariamente: funciona con radiadores, con suelo radiante y con fancoils. Lo que sí necesitas es que el emisor sea capaz de dar el calor que pide cada habitación trabajando con agua bastante más templada que la que usa una caldera de gas. Antes de decidir nada, haz la prueba gratuita de bajar la temperatura de impulsión de tu caldera actual durante una semana fría de invierno: si la casa aguanta el confort, tus emisores sirven; si pasas frío, sabrás que hay que actuar sobre ellos o sobre el aislamiento antes de cambiar de generador.

¿Qué ocurre si hace mucho frío?

Sigue funcionando, pero con menos rendimiento: cuanto más frío está el aire exterior, mayor es el salto de temperatura que tiene que salvar el compresor y más electricidad consume por cada unidad de calor entregada. Además, en la franja de temperaturas templadas con humedad alta se forma escarcha en la batería exterior y el equipo dedica unos minutos a desescarchar, tiempo durante el que consume sin calentar. Los equipos incorporan una resistencia eléctrica de apoyo para los momentos extremos, pero si esa resistencia entra a diario es señal de que la máquina se ha quedado corta y el ahorro se evapora. En zonas de invierno duro, dimensiona con margen, mira la tabla de potencia del fabricante a temperaturas bajo cero y valora un sistema híbrido.

¿Cuánto dura una caldera de gas?

Una caldera bien mantenida suele dar entre quince y veinte años de servicio, y en la práctica la mayoría se sustituyen cuando falla el intercambiador o la placa electrónica y la reparación se acerca demasiado al coste de un equipo nuevo. La duración real depende mucho de la calidad del agua del circuito, de si se ha hecho el mantenimiento anual y de si la caldera ha trabajado con ciclos cortos por estar sobredimensionada.

¿Cuánto dura un sistema de aerotermia?

El conjunto suele plantearse para un horizonte similar o algo mayor que el de una caldera, pero el componente que marca el final de la vida útil es el compresor, que es también la reparación más cara. Lo que más lo acorta son los ciclos cortos de arranque y parada provocados por un mal dimensionado o por la falta de volumen de agua en el circuito, y en zonas costeras la corrosión de la batería exterior si no se ha pedido tratamiento para ambiente salino.

¿Cuánto consume de luz una aerotermia al mes?

No hay una cifra general, y quien te la dé sin conocer tu casa se la está inventando. El consumo eléctrico es la demanda térmica de tu vivienda dividida entre el rendimiento estacional del equipo en tus condiciones de trabajo. Para estimarlo con tus datos: coge los kilovatios hora de gas de tus últimas doce facturas, multiplícalos por el rendimiento aproximado de tu caldera para obtener el calor que realmente necesita la casa, y divide ese calor entre el rendimiento estacional que el fabricante declara para el modelo candidato y para tu temperatura de impulsión. El resultado se concentra en los meses fríos, y fuera de la temporada de calefacción queda solo el agua caliente sanitaria.

¿Tengo que subir la potencia eléctrica contratada si pongo aerotermia?

Muchas veces sí, sobre todo en pisos con potencia ajustada. El compresor consume de forma significativa en su punto de máxima demanda y, si entra la resistencia de apoyo, se suma a ello. Antes de decidir, revisa tu curva de consumo horaria en la zona privada de la distribuidora para ver tus máximos reales. Ten en cuenta tres cosas: el término de potencia se paga los doce meses del año, la tarifa doméstica permite contratar potencias distintas en punta y en valle, y si la instalación de la vivienda no admite la nueva potencia te pedirán un certificado de instalación eléctrica.

¿Se puede poner aerotermia en un piso sin terraza?

Es el escenario más complicado, porque hay que encontrar sitio para la unidad exterior con circulación de aire libre y con permiso. Las opciones habituales son fachada con soporte autorizado, patio o cubierta comunitaria, y todas ellas afectan a elementos comunes, así que necesitas el acuerdo de la comunidad de propietarios según lo que digan los estatutos y la ley de propiedad horizontal. Pide esa autorización por escrito antes de firmar el presupuesto. Si no hay ubicación viable, las alternativas realistas son un sistema aire-aire por conductos o splits para la climatización y un termo con bomba de calor para el agua caliente.

¿Cuánto CO2 dejo de emitir al cambiar a aerotermia?

Depende de dos cosas que cambian con el tiempo: el factor de emisión del gas natural, que es estable, y el del mix eléctrico español, que baja según crece la generación renovable y que además varía hora a hora. El cálculo honesto es multiplicar tu consumo de gas por el factor de emisión del gas, hacer lo mismo con el consumo eléctrico estimado de la bomba y su factor de emisión, y comparar. Los factores oficiales los publican el Ministerio competente y el IDAE y conviene usar los vigentes en el momento del cálculo. La reducción es sustancial en cualquier escenario, y se acerca a la eliminación completa de las emisiones asociadas a la calefacción si además tienes autoconsumo solar o contratas electricidad con garantía de origen renovable.

¿Merece la pena cambiar una caldera de gas que todavía funciona?

Con una caldera de condensación reciente y bien regulada, normalmente no sale a cuenta solo por el ahorro de energía: estarías tirando un equipo con vida útil por delante. Con una caldera atmosférica antigua, o si te calientas con propano o gasóleo, la respuesta cambia por completo y el cambio tiene mucho más sentido. La regla práctica es esperar al final de la vida útil del equipo actual, salvo que uses un combustible caro por unidad de energía. Mientras tanto, el dinero rinde más en aislamiento, ventanas y regulación.

¿La aerotermia da agua caliente suficiente para una familia?

Sí, siempre que el acumulador esté bien dimensionado. A diferencia de una caldera mixta, que calienta el agua al instante, la bomba de calor va guardando agua caliente en un depósito, así que el confort depende del volumen acumulado y de la velocidad de recuperación, no de la potencia instantánea. Dimensiónalo con el número de personas, los hábitos de ducha y si hay bañera grande, y comprueba dónde vas a colocarlo físicamente. Un depósito escaso es la causa más común de quejas en familias numerosas.

¿Puedo instalar la aerotermia yo mismo o con un conocido?

No, y no es un consejo de prudencia sino un requisito legal. Una instalación térmica de este tipo requiere empresa instaladora habilitada que emita el certificado de la instalación y lo registre ante el organismo competente de tu comunidad autónoma. Si el equipo es partido, la manipulación del circuito de refrigerante exige además personal con certificación de gases fluorados. Sin esos documentos pierdes la garantía del fabricante, no puedes solicitar ninguna ayuda pública y tu seguro de hogar puede rechazar un siniestro derivado de la instalación.

¿El Plan MOVES III subvenciona la aerotermia?

No. El Plan MOVES III es un programa de incentivos a la movilidad eléctrica: vehículos eléctricos y de pila de combustible e infraestructura de recarga. No financia bombas de calor ni ningún sistema de climatización de vivienda. Es un error muy extendido en artículos y en argumentarios comerciales del sector, y si alguien te lo ofrece como vía de financiación conviene que revises también el resto de sus afirmaciones. Las vías reales que hay que consultar son la deducción del IRPF por obras de mejora de la eficiencia energética en la sede electrónica de la AEAT, las convocatorias de rehabilitación energética de tu comunidad autónoma y las bonificaciones fiscales de tu ayuntamiento.

¿La aerotermia enfría en verano?

Los equipos reversibles sí, invirtiendo el ciclo frigorífico, pero solo si los emisores lo permiten. Con fancoils o con aire-aire tienes refrigeración completa; con suelo radiante puedes hacer suelo refrescante, que baja la temperatura ambiente de forma suave pero no sustituye a un aire acondicionado y exige control de la humedad para evitar condensaciones. Con radiadores convencionales no puedes refrigerar. Si la refrigeración es una prioridad para ti, dilo desde el principio del proyecto, porque condiciona la elección del emisor.

¿Qué pasa si se va la luz?

Te quedas sin calefacción, igual que con una caldera de gas moderna. Una caldera mural necesita electricidad para la bomba circuladora, la electrónica de control y el encendido, así que un corte de suministro la deja parada del mismo modo. La única calefacción realmente autónoma frente a un apagón es una estufa o chimenea de combustible sólido con tiro natural.

Conclusión: el proyecto importa más que la máquina

Si te llevas una sola idea, que sea esta: la aerotermia no es ni una tecnología milagrosa ni un timo. Es una máquina que rinde de forma extraordinaria cuando trabaja con agua templada en una casa que no se desangra por las ventanas, y que rinde de forma mediocre cuando la obligas a impulsar agua caliente en una vivienda mal aislada. La misma máquina, el mismo modelo, dos resultados opuestos. Lo que decide no es la marca: es el proyecto.

El orden correcto para tomar esta decisión es siempre el mismo. Primero mira tu envolvente y arregla lo barato. Después haz la prueba de bajar la temperatura de impulsión de tu caldera y comprueba si tu casa aguanta con agua templada. Luego pide al menos tres presupuestos que incluyan por escrito el cálculo de cargas por estancias, la temperatura de impulsión prevista, el tratamiento del circuito existente y la habilitación de la empresa. Y solo entonces, con esos datos en la mano, haz tus números con tus facturas y tus precios reales, no con los de un artículo.

Si quieres seguir tirando del hilo, aquí tienes material relacionado: el caso concreto de aerotermia con los radiadores que ya tienes, la combinación de aerotermia con placas solares para autoconsumir tu propia electricidad, la comparación entre aerotermia y placas solares cuando hay que priorizar una inversión, y el trámite de cambiar la potencia contratada si vas a necesitar ampliarla. Y en el blog de EnergiaBarata tienes el resto de guías sobre factura eléctrica y ahorro energético.

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Nota de transparencia: este artículo no incluye precios del kilovatio hora, presupuestos de instalación, ahorros anuales en euros, plazos de amortización garantizados ni valores de COP o SCOP presentados como dato universal, porque ninguna de esas cifras es verificable de forma general: dependen del modelo, de tu vivienda, de tu tarifa y del momento. En su lugar encontrarás el método para calcularlas con tus propios datos. Tampoco hay aquí testimonios, reseñas ni pruebas propias: EnergiaBarata no ha ensayado estos equipos.

Escrito por Equipo EnergiaBarata

Contenido revisado y actualizado el 2026-09-12.