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Etiqueta de eficiencia energética de los electrodomésticos: cómo leer la escala A-G

28 min de lectura 7.050 palabras

Escrito por la redacción de EnergiaBarata — Editor responsable: Iván Escudero.

EnergiaBarata INFOGRAFIA La etiqueta energética A-G Adiós a A+, A++ y A+++ desde 2021 PUNTOS CLAVE 1 Escala A-G: las clases con signo + ya no existen 2 Qué familias se reescalaron y cuáles siguen igual 3 Pictograma a pictograma: qué mide cada recuadro 4 kWh/año, kWh/100 ciclos y kWh/1000 h 5 El QR y la base de datos europea EPREL 6 De la etiqueta al euro: el cálculo paso a paso EnergiaBarata - Actualizado 2026-08-08
Infografía: resumen visual del artículo

Respuesta directa

La etiqueta de eficiencia energética que llevan hoy los frigoríficos, congeladores, lavadoras, lavadoras-secadoras, lavavajillas, televisores y lámparas usa una escala de siete clases, de la A a la G, sin signos de suma. Las antiguas A+, A++ y A+++ desaparecieron de esas familias con el reescalado previsto en el Reglamento (UE) 2017/1369, que llegó a las tiendas el 1 de marzo de 2021 y, para las fuentes luminosas, el 1 de septiembre de 2021. La escala se estrenó con la clase A prácticamente vacía a propósito, así que un aparato C o D puede estar entre los mejores de su categoría. La letra sirve para comparar aparatos equivalentes; el número de kWh que figura en el recuadro central es el que sirve para calcular el dinero. Secadoras, hornos, campanas, aire acondicionado y equipos de calefacción siguen con sus escalas anteriores hasta que les toque su propio reescalado.

Qué cambió el 1 de marzo de 2021

Durante casi tres décadas, la etiqueta energética europea funcionó como una escala de siete colores que iba del verde al rojo. El problema apareció por su propio éxito: los fabricantes mejoraron tanto que el extremo superior de la escala se saturó. Para no dejar sin margen a los que seguían innovando, la Comisión fue añadiendo clases por arriba, y así nacieron primero la A+, luego la A++ y después la A+++. El resultado fue una escala grotesca en la que casi todo el mercado se apelotonaba en las tres clases con signos y las letras B, C, D, E, F y G quedaban vacías, sin ningún producto real detrás.

Un comprador que entraba en una tienda veía una escala de siete peldaños donde solo se usaban los tres de arriba, y encima con una diferencia de consumo entre A+ y A+++ que podía ser enorme mientras la diferencia visual entre las flechas era mínima. La señal que debía guiar la compra había dejado de guiar nada.

El Reglamento (UE) 2017/1369, de 4 de julio de 2017, que sustituyó a la Directiva 2010/30/UE, puso el marco para arreglarlo: volver a la escala limpia de A a G y prohibir para siempre las clases con signos de suma en las familias reescaladas. La operación no se hizo de golpe para todos los aparatos, sino familia por familia, mediante reglamentos delegados propios.

La primera tanda llegó a las tiendas el 1 de marzo de 2021 y afectó a cuatro grupos de productos:

  • Aparatos de refrigeración (frigoríficos, combis, congeladores, arcones y también los aparatos de refrigeración con función de venta directa, como las vitrinas): Reglamento Delegado (UE) 2019/2016.
  • Lavadoras domésticas y lavadoras-secadoras: Reglamento Delegado (UE) 2019/2014.
  • Lavavajillas domésticos: Reglamento Delegado (UE) 2019/2017.
  • Pantallas electrónicas, que incluye televisores y monitores: Reglamento Delegado (UE) 2019/2013.

La segunda tanda llegó el 1 de septiembre de 2021 y afectó a las fuentes luminosas, es decir, bombillas, tubos y módulos LED: Reglamento Delegado (UE) 2019/2015.

Hubo un periodo de transición en el que las tiendas tenían las dos etiquetas: los proveedores debían entregar la etiqueta nueva junto al producto con antelación, y los comercios tuvieron un plazo corto para sustituir las antiguas en el escaparate y en la web. Ese periodo terminó hace tiempo. Si en 2026 te encuentras un frigorífico expuesto con etiqueta A++, lo que estás viendo es material caducado o un aparato de stock antiguo.

La regla que resume el cambio: en las familias reescaladas, cualquier clase con un signo de suma es información obsoleta. No es «mejor que A», es simplemente una etiqueta que ya no está en vigor para ese producto.

El reescalado no fue solo cosmético. Al reordenar la escala se aprovechó para cambiar los métodos de ensayo y acercarlos al uso real. En lavadoras, por ejemplo, el programa de referencia pasó a ser el eco 40-60, un programa que debe poder lavar en la misma colada ropa con etiqueta de 40 °C y de 60 °C, y la unidad de consumo dejó de ser el año para pasar a ser el ciclo. En lavavajillas, el programa de referencia es el eco y el consumo también se declara por ciclos. En pantallas se separó el consumo en modo estándar del consumo con alto rango dinámico. Esos cambios rompen cualquier comparación directa con la etiqueta antigua.

Qué familias tienen escala nueva y cuáles siguen con A+++

Esta es la parte que más confusión genera, porque en la misma tienda conviven las dos escalas legalmente. Un cliente ve una lavadora clase D y una secadora clase A++ una al lado de la otra y concluye que la secadora es muchísimo mejor. No es comparable: pertenecen a escalas distintas.

Familia de producto Escala vigente Desde Reglamento delegado Unidad de consumo declarada
Frigoríficos, combis, congeladores A-G sin signos 1-mar-2021 (UE) 2019/2016 kWh/año
Lavadoras domésticas A-G sin signos 1-mar-2021 (UE) 2019/2014 kWh/100 ciclos (eco 40-60)
Lavadoras-secadoras A-G sin signos 1-mar-2021 (UE) 2019/2014 kWh/100 ciclos, lavado y ciclo completo
Lavavajillas domésticos A-G sin signos 1-mar-2021 (UE) 2019/2017 kWh/100 ciclos (programa eco)
Televisores y monitores A-G sin signos 1-mar-2021 (UE) 2019/2013 kWh/1000 h en SDR y en HDR
Bombillas y fuentes luminosas A-G sin signos 1-sep-2021 (UE) 2019/2015 kWh/1000 h
Secadoras de tambor Escala antigua con signos Pendiente de reescalado (UE) 392/2012 kWh/año
Hornos domésticos Escala antigua con signos Pendiente de reescalado (UE) 65/2014 kWh por ciclo
Campanas extractoras Escala antigua con signos Pendiente de reescalado (UE) 65/2014 kWh/año
Aire acondicionado Escala antigua con signos Pendiente de reescalado (UE) 626/2011 kWh/año y SEER/SCOP
Calefacción y agua caliente Escala antigua con signos Pendiente de reescalado (UE) 811/2013 y 812/2013 Clase estacional
Neumáticos A-E 1-may-2021 (UE) 2020/740 Consumo, adherencia y ruido

Sobre las aspiradoras conviene añadir una nota, porque siguen apareciendo fichas comerciales con clases energéticas inventadas: la etiqueta energética de las aspiradoras dejó de aplicarse después de que la justicia europea anulara el reglamento que la regulaba. Si ves una aspiradora anunciada con clase A+++, no existe tal clasificación oficial. Lo que sí existe son requisitos de diseño ecológico para esos aparatos.

Un aviso sobre las bombillas

Las fuentes luminosas fueron el caso más brutal del reescalado, porque el LED había pisoteado la escala anterior. Muchas bombillas que se vendían como A+ o A++ pasaron a estar en las clases centrales o incluso bajas de la escala nueva, sin haber cambiado ni un componente. Eso desconcertó a bastante gente, que interpretó que sus bombillas habían «empeorado». No empeoraron: la vara de medir se estiró para dejar sitio a la tecnología que aún estaba por llegar. En iluminación, la clase A de la escala actual está reservada a productos con una eficacia luminosa altísima, muy por encima de lo que ofrece el LED doméstico corriente.

Por qué la clase A nació casi vacía

Mucha gente pregunta en la tienda por «el frigorífico de clase A» y se lleva la sorpresa de que no hay ninguno, o de que el único que existe cuesta varias veces lo que el resto. No es un fallo del comercio: es el diseño de la norma.

El Reglamento (UE) 2017/1369 establece que, cuando se introduce una escala reescalada, esta debe fijarse de modo que en el momento del estreno ningún modelo del mercado alcance la clase A y solo una parte muy pequeña llegue a la B. Las clases superiores se dejan reservadas para productos que todavía no existen. Así se garantiza que la escala aguante muchos años sin volver a saturarse y sin necesidad de recurrir otra vez al parche de los signos de suma.

El reglamento también prevé el mecanismo de salida: cuando una proporción importante de los modelos vendidos alcance las clases altas, se vuelve a reescalar. Es un sistema pensado para repetirse cada bastantes años, siempre bajando toda la escala un peldaño para dejar hueco arriba.

Traducido a la práctica: la letra no mide la calidad del aparato, mide su posición relativa dentro de una escala calibrada para que el techo quede lejos. En 2026, en la mayoría de familias reescaladas, las clases C y D marcan la parte alta de la oferta corriente, y encontrar una B ya es señal de un modelo destacado.

Esto tiene una consecuencia comercial que conviene tener presente: al comparar dos aparatos de la misma familia, la distancia entre clases contiguas es mucho más grande de lo que parece. La escala no es lineal en euros ni en kWh. Saltar de F a E puede suponer una diferencia de consumo notable; saltar de C a B suele exigir un salto tecnológico caro que tarda mucho en amortizarse si el aparato trabaja pocas horas.

Cómo leer la etiqueta pictograma a pictograma

Todas las etiquetas reescaladas comparten la misma arquitectura. Una vez la conoces, leer la de cualquier familia es cuestión de segundos.

Los elementos comunes a todas

  1. Arriba a la izquierda: el nombre o la marca comercial del proveedor.
  2. Debajo: el identificador del modelo. Este dato importa más de lo que parece, porque es el que te permite comprobar que la etiqueta corresponde de verdad al aparato que tienes delante y no a otra variante de la gama.
  3. Arriba a la derecha: el código QR, que lleva a la ficha pública del producto en el registro europeo.
  4. Franja izquierda: la escala completa de la A a la G, con sus siete flechas de color, del verde oscuro al rojo. La escala completa siempre aparece, aunque el producto esté en la última letra.
  5. Flecha negra a la derecha de la escala: la clase asignada a ese modelo concreto.
  6. Recuadro central grande: el consumo de energía, con su unidad. Es el número que se usa para calcular dinero.
  7. Fila inferior de pictogramas: los parámetros específicos de cada familia.
  8. Esquina inferior derecha: el número del reglamento delegado aplicable. Sirve para identificar de qué versión de etiqueta se trata.

Frigoríficos y congeladores

El recuadro central declara el consumo anual en kWh/año, medido en condiciones normalizadas de ensayo. Debajo aparecen, en pictogramas:

  • El volumen total de los compartimentos de congelación, en litros, identificado con el símbolo del copo de nieve.
  • El volumen total de los compartimentos de refrigeración, en litros.
  • El ruido aéreo en decibelios (dB) y, junto a él, una clase de emisión de ruido de la A a la D. Esta clase de ruido es independiente de la clase energética, y en una cocina abierta al salón puede pesar tanto como los kWh.

Un matiz que se pasa por alto: el consumo declarado se mide con el aparato vacío, con puertas cerradas y en una temperatura ambiente controlada. Tu frigorífico real, en una cocina a 30 °C en agosto, con la puerta abriéndose veinte veces al día y con comida caliente dentro, va a consumir más. El dato de la etiqueta no es una predicción de tu factura, es una vara de medir común para poder comparar modelos entre sí.

Lavadoras domésticas

El recuadro central declara kWh por 100 ciclos del programa eco 40-60 a carga nominal. Los pictogramas inferiores recogen:

  • La capacidad nominal en kilogramos de ropa seca.
  • El consumo de agua en litros por ciclo.
  • La duración del programa eco en horas y minutos. Aquí está la sorpresa que más quejas genera: para bajar el consumo, los fabricantes alargan el programa. Un ciclo eco de tres horas y media es completamente normal en un modelo eficiente.
  • La clase de eficiencia de centrifugado, de la A a la G. Cuanto mejor sea, menos agua queda en la ropa y menos energía gasta después la secadora o menos tarda en secarse el tendedero.
  • El ruido en la fase de centrifugado en dB(A) y su clase de ruido de la A a la D.

La combinación que suele pasar desapercibida es la de clase energética alta con clase de centrifugado baja. Si después usas secadora, ese ahorro en la lavadora se te va por el desagüe: la ropa entra más mojada en la secadora y la secadora consume mucho más que la lavadora.

Lavavajillas

El recuadro central declara kWh por 100 ciclos del programa eco. Los pictogramas inferiores recogen:

  • El número de cubiertos o servicios de la capacidad nominal.
  • El consumo de agua en litros por ciclo, un dato que en muchos hogares con contador de agua caro pesa más que los kWh.
  • La duración del programa eco, que también suele ser largo por el mismo motivo que en las lavadoras.
  • El ruido en dB(A) y su clase de la A a la D.

Lavadoras-secadoras

Su etiqueta está partida en dos columnas, porque el aparato hace dos cosas distintas. A la izquierda, la información del ciclo completo (lavado más secado); a la derecha, la del ciclo de lavado solo. Cada columna tiene su propia clase energética, su propio consumo por 100 ciclos, su propia capacidad y su propia duración. Comparar la columna equivocada es un error habitual: la clase del ciclo completo casi siempre es peor, porque secar con calor es lo que más energía consume de todo el proceso.

Televisores y monitores

Las pantallas tienen dos bloques de información:

  • Un bloque principal con la clase energética y el consumo en kWh/1000 h en modo SDR, que es el contenido de rango dinámico estándar, el habitual.
  • Un segundo recuadro, más pequeño, con la clase y el consumo en kWh/1000 h en modo HDR, el de alto rango dinámico.

Esa duplicidad existe porque el HDR exige más brillo y consume bastante más. Es corriente que una pantalla tenga una clase en SDR y una clase peor en HDR. Si consumes mucho contenido con HDR, mira el segundo recuadro y no el primero.

La etiqueta incluye también la diagonal visible en centímetros y pulgadas y la resolución en píxeles. Estos datos están ahí porque el consumo depende directamente de la superficie de pantalla: una televisión grande de clase E puede consumir más que una pequeña de clase G. La letra compara aparatos de tamaño equivalente, no televisores de tamaños distintos.

Bombillas y fuentes luminosas

La etiqueta de una fuente luminosa declara el consumo en kWh/1000 h y la clase de la A a la G. En bombillas de venta al público, la etiqueta va impresa en el embalaje. Como una lámpara consume poquísimo comparada con un frigorífico, la utilidad práctica de la clase aquí es doble: te permite comparar dos bombillas con el mismo flujo luminoso (los lúmenes, que son lo que de verdad debes mirar para saber cuánto ilumina) y te protege de las bombillas de bajo rendimiento que todavía circulan.

kWh/año, kWh/100 ciclos y kWh/1000 h: por qué cada familia usa una unidad distinta

Este es el punto donde más gente se pierde, y es el que separa una lectura útil de la etiqueta de una lectura decorativa. Las tres unidades no son intercambiables y ninguna de ellas es directamente «lo que te va a costar al año».

La lógica es sencilla en cuanto se explica: se declara la unidad que menos suposiciones exige.

  • Un frigorífico está enchufado las 8.760 horas del año, sin que el usuario decida nada. Se puede declarar directamente un consumo anual, porque el patrón de uso es el mismo para todo el mundo.
  • Una lavadora o un lavavajillas se usan tantas veces como decida cada hogar. Declarar un consumo anual obligaría a inventar un número de ciclos «medio» que no se parecería al de casi nadie. Por eso se declara el consumo de 100 ciclos y cada uno hace la cuenta con sus propios hábitos.
  • Una pantalla o una bombilla dependen de las horas de encendido. Por eso se declara el consumo de 1.000 horas.

Las conversiones que necesitas son estas tres:

  • De kWh/100 ciclos a kWh/año: divide entre 100 y multiplica por los ciclos que haces al año. Si lavas cuatro veces por semana, son unos 208 ciclos anuales.
  • De kWh/1000 h a kWh/año: multiplica las horas diarias por 365 para obtener las horas anuales, multiplica por el dato de la etiqueta y divide entre 1.000.
  • De kWh/año a euros: multiplica por tu precio real de la energía, que veremos cómo calcular más abajo.

Un ejemplo completo con números redondos

Supón una lavadora que declara 50 kWh/100 ciclos y un hogar que hace 200 coladas al año. El cálculo es: 50 ÷ 100 = 0,5 kWh por ciclo; 0,5 × 200 = 100 kWh al año. Con un precio de 0,20 €/kWh, eso son 20 € anuales de electricidad para lavar. Si el modelo de al lado declara 65 kWh/100 ciclos, gastaría 130 kWh y 26 €. La diferencia son 6 € al año. Con esa cifra sobre la mesa, decidir si merece la pena pagar 150 € más por el modelo eficiente deja de ser una cuestión de fe.

Ese es el ejercicio que la etiqueta te permite hacer y que casi nadie hace. Y es el que convierte la letra en una decisión de compra.

El índice de eficiencia energética: por qué dos aparatos con el mismo consumo tienen clases distintas

Aquí está el malentendido más extendido sobre la etiqueta. La clase no se asigna en función de los kWh absolutos. Se asigna en función del índice de eficiencia energética (IEE, o EEI en la documentación técnica europea).

El índice es un cociente. En el numerador va el consumo medido del aparato en el ensayo normalizado. En el denominador va un consumo de referencia, calculado con una fórmula que tiene en cuenta las características físicas de ese aparato concreto: en un frigorífico, el volumen de cada compartimento, sus temperaturas de funcionamiento, si tiene sistema antiescarcha, la clase climática; en un lavavajillas, el número de cubiertos; en una lavadora, la capacidad nominal en kilos.

El resultado se expresa en forma de índice, y funciona al revés que las notas del colegio: cuanto más bajo, mejor. Un índice bajo significa que ese aparato consume mucho menos de lo que le correspondería por su tamaño y sus prestaciones.

De ahí salen dos consecuencias que conviene interiorizar:

  1. Un aparato grande puede tener mejor clase que uno pequeño y aun así gastar más kWh al año. Un combi de 350 litros clase C puede consumir bastante más que una nevera de 120 litros clase F, porque a cada uno se le mide contra su propia referencia. La clase te dice cuál está mejor diseñado; los kWh te dicen cuál te va a costar más dinero.
  2. Los umbrales de índice de cada clase son distintos en cada familia. No hay una tabla universal. Los valores exactos que separan la A de la B, la B de la C y así sucesivamente están en el anexo II del reglamento delegado de cada producto, y no coinciden entre frigoríficos, lavadoras, lavavajillas y pantallas. Comparar índices entre familias distintas no significa nada.

Resumen operativo: usa la letra para elegir entre modelos del mismo tipo y tamaño parecido. Usa los kWh para calcular lo que vas a pagar. Nunca uses la letra para estimar dinero ni los kWh para juzgar si un aparato está bien diseñado.

El código QR y la base de datos EPREL

El QR de la esquina superior derecha es probablemente la parte más infrautilizada de la etiqueta. Al escanearlo con el móvil, se abre la ficha pública de ese modelo exacto en EPREL, el European Product Registry for Energy Labelling, el registro europeo de productos con etiquetado energético. Es accesible también por navegador en eprel.ec.europa.eu.

EPREL es obligatorio desde el 1 de enero de 2019: ningún proveedor puede poner en el mercado europeo un producto sujeto a etiquetado energético sin haberlo registrado antes. La base de datos tiene dos partes. Una parte pública, abierta a cualquiera, con la etiqueta electrónica y la ficha de información del producto. Y una parte de cumplimiento, reservada a las autoridades de vigilancia del mercado, con la documentación técnica que respalda las declaraciones.

Para qué te sirve a ti como comprador

  • Verificar que la etiqueta es la del modelo. En tienda es fácil que una etiqueta acabe pegada en el aparato equivocado, sobre todo en gamas donde diez modelos parecen el mismo. El QR resuelve la duda en diez segundos.
  • Consultar la ficha completa, que contiene bastantes más parámetros de los que caben en la etiqueta impresa: los datos de consumo de otros programas, la clase climática, la autonomía en caso de fallo de suministro en congeladores, la capacidad de congelación, etc.
  • Comparar antes de ir a la tienda. La ficha pública se puede consultar buscando por marca y modelo, sin necesidad de tener el aparato delante.
  • Detectar fichas de venta online mal montadas. Si el modelo que vende una web no aparece en EPREL con esa referencia, algo no cuadra: o la referencia comercial no es la del fabricante, o el producto no está correctamente registrado.

Un detalle práctico: en la etiqueta impresa, el QR no lleva a la web del fabricante ni a una promoción. Si al escanearlo aterrizas en una tienda o en una página de marketing, esa etiqueta no es una etiqueta reglamentaria.

De la etiqueta al euro: el cálculo real

Convertir kWh en euros parece trivial, y es donde se cometen los errores más caros. El fallo típico consiste en coger el precio que aparece en la publicidad de una comercializadora y multiplicarlo por los kWh. Ese número casi nunca coincide con lo que pagas.

Cómo obtener tu precio real de kWh

El método es este, y no requiere entender la estructura tarifaria:

  1. Coge una factura reciente, mejor si es de un periodo representativo.
  2. Localiza el importe total a pagar, impuestos incluidos.
  3. Localiza los kWh consumidos en ese periodo (aparecen en el detalle de consumo, y también como diferencia entre las dos lecturas del contador).
  4. Divide el importe total entre los kWh. Ese cociente es tu precio real por kilovatio hora.

Ese número incluye el término de potencia, los peajes, los cargos, el impuesto eléctrico, el alquiler del contador y el IVA repartidos entre lo que consumes. Es el único precio con el que las cuentas de ahorro salen honradas. Suele ser bastante más alto que el precio de energía que anuncia la tarifa, precisamente porque incluye todo lo demás.

Hay un matiz que conviene tener claro: cuando comparas dos electrodomésticos, la parte fija de la factura (el término de potencia) no cambia por elegir uno u otro. Si quieres una estimación fina del ahorro marginal, usa solo el precio variable de la energía más impuestos. Si quieres una estimación conservadora del coste de tener ese aparato, usa el precio total. En este artículo trabajamos con escenarios porque el precio de la electricidad en España varía mucho según el contrato, el tramo horario y el momento del año, y ponerle un número oficial a 2026 sería engañarte.

Tabla de conversión con escenarios de precio

Los valores de la columna «dato de la etiqueta» son supuestos ilustrativos para que veas el método, no medias de mercado ni datos de ningún modelo concreto. Sustitúyelos por los de la etiqueta que tengas delante.

Aparato Dato de la etiqueta (supuesto) Uso supuesto kWh/año resultantes Coste a 0,15 €/kWh Coste a 0,25 €/kWh
Frigorífico combi 150 kWh/año Continuo 150 22,50 € 37,50 €
Frigorífico combi menos eficiente 290 kWh/año Continuo 290 43,50 € 72,50 €
Lavadora 50 kWh/100 ciclos 200 ciclos/año 100 15,00 € 25,00 €
Lavavajillas 65 kWh/100 ciclos 220 ciclos/año 143 21,45 € 35,75 €
Televisor (SDR) 65 kWh/1000 h 4 h/día 95 14,25 € 23,75 €
Punto de luz LED 9 kWh/1000 h 3 h/día 10 1,50 € 2,50 €

Lo que enseña esta tabla no son las cifras, sino el orden de magnitud: la diferencia entre un frigorífico bueno y uno malo, sostenida durante los diez o quince años que dura el aparato, es dinero de verdad. La diferencia entre dos bombillas es calderilla. Concentra el esfuerzo de compra donde el número es grande.

Si quieres afinar el momento del gasto además del volumen, tenemos una guía específica sobre cómo optimizar el consumo de electrodomésticos en los horarios más baratos, y otra sobre el consumo fantasma de los aparatos en espera, que la etiqueta no recoge.

Cuándo compensa cambiar un aparato viejo

La pregunta que sigue a cualquier lectura de etiqueta es si merece la pena jubilar el que ya tienes. La respuesta honesta es «depende», pero se puede calcular en cinco minutos.

El cálculo

  1. Estima el consumo del aparato viejo. Si conservas su etiqueta o su manual, tienes el dato de partida (recuerda que estará en la escala antigua). Si no, un medidor de consumo enchufable de los que se venden por poco dinero te da la medida real en unos días, que además es mejor que cualquier estimación.
  2. Coge el consumo del candidato nuevo desde su etiqueta, convertido a kWh/año con tu patrón de uso.
  3. Resta y multiplica por tu precio real de kWh. Eso es el ahorro anual en euros.
  4. Divide el sobrecoste (la diferencia entre el modelo eficiente y el modelo básico equivalente, o el precio completo si el viejo aún funciona) entre el ahorro anual. Obtienes los años de retorno.
  5. Compara ese plazo con la vida útil que le queda al aparato viejo y con los años que piensas quedarte en esa casa.

Qué aparatos suelen salir a cuenta

Sin dar porcentajes que no podemos verificar, hay una lógica física clara detrás de las prioridades:

  • Frigorífico y congelador: son los que más papeletas tienen, porque funcionan 24 horas al día los 365 días del año. Un frigorífico de veinte años con junta de puerta endurecida y motor viejo es el candidato número uno de cualquier casa.
  • Lavadora y lavavajillas: dependen del número de ciclos. En una familia numerosa que hace una colada diaria, el cambio se justifica antes que en una casa de una persona.
  • Secadora: aquí el salto tecnológico entre una secadora de resistencia y una de bomba de calor es el mayor de toda la cocina, aunque su etiqueta siga en la escala antigua. Si tienes una secadora de condensación clásica y la usas mucho, mira este cambio antes que casi cualquier otro.
  • Televisor y horno: rara vez se justifica el cambio solo por energía. Cámbialos cuando fallen o cuando quieras otras prestaciones.

Hay un factor que no aparece en ninguna etiqueta y que decide muchos casos: el coste ambiental y económico de fabricar un aparato nuevo. Tirar un electrodoméstico que funciona para comprar otro un poco mejor rara vez sale bien ni en dinero ni en huella. Cuando el viejo se avería, la comparación correcta es entre el presupuesto de la reparación y el coste total del nuevo menos el ahorro energético acumulado durante su vida.

En el capítulo de gestos que no cuestan dinero, tienes más ideas en nuestra guía sobre cómo ahorrar en la factura de luz con electrodomésticos eficientes y en la de pasos para lograr un ahorro energético efectivo en casa.

Errores frecuentes y lo que la etiqueta no te dice

Los siete errores que vemos repetirse

  1. Comparar clases entre familias distintas. Una lavadora A y un horno A+++ no se pueden comparar. Son escalas diferentes.
  2. Comparar clases entre tamaños muy distintos. La clase se asigna contra una referencia que depende del tamaño. Un televisor de 75 pulgadas clase F consume más que uno de 43 pulgadas clase G.
  3. Creer que el consumo declarado es el consumo real. Es un valor de ensayo normalizado. Sirve para comparar, no para predecir tu factura al céntimo.
  4. Ignorar el agua. En lavadoras y lavavajillas, los litros por ciclo pueden pesar tanto o más que los kWh, sobre todo si el agua caliente sanitaria de la casa la produce el propio aparato con resistencia eléctrica.
  5. Ignorar la duración del programa. Los programas eco son largos por diseño. Si luego siempre usas el programa rápido, el consumo real se dispara y la clase de la etiqueta pierde relación con lo que gastas.
  6. Ignorar la clase de centrifugado cuando se tiene secadora.
  7. Fiarse de una letra suelta en una ficha online sin escala de referencia ni acceso a la etiqueta completa.

Lo que la etiqueta no mide

La etiqueta energética es una herramienta de comparación de consumo, no un certificado de calidad global. Deliberadamente deja fuera:

  • La durabilidad y la fiabilidad del aparato. Una clase alta no garantiza que el motor dure quince años.
  • La calidad del resultado más allá de los mínimos exigidos: cómo lava, cómo seca, cómo se ve la imagen.
  • El coste de mantenimiento y el precio de los recambios.
  • El consumo en modo espera en la mayoría de familias, aunque hay requisitos de diseño ecológico que lo limitan.
  • El comportamiento fuera del programa de referencia, que es como lo usa mucha gente.

Por eso una decisión de compra sensata combina tres fuentes: la etiqueta para el consumo, la ficha técnica completa de EPREL para los parámetros que no caben en ella, y análisis independientes de organizaciones de consumidores para lo que solo se ve probando el aparato. Nosotros no realizamos ensayos de laboratorio, así que no vas a encontrar aquí puntuaciones de producto: lo que ofrecemos es el método para leer los datos oficiales.

Qué te deben enseñar en la tienda física y en la web

El reglamento europeo no se limita a definir la etiqueta: también obliga a mostrarla. Conocer esa obligación te da argumentos cuando la información no aparece.

En tienda física

Todo aparato expuesto a la venta debe llevar la etiqueta impresa, visible, en la parte frontal o superior del producto. No vale tenerla dentro de la caja ni disponible «si la pides». Además, la ficha de información del producto debe estar a disposición del cliente, en papel o en formato electrónico accesible en el punto de venta.

En venta a distancia

La normativa de etiquetado energético exige que en la venta online se muestre la clase energética junto al precio y que se dé acceso a la etiqueta completa y a la ficha. El mecanismo habitual es una flecha de color con la letra situada al lado del precio o de la imagen del producto, que al pulsarla despliega la etiqueta entera en una capa. Junto a ella suele haber un enlace a la ficha de información del producto.

Señales de que una ficha online no cumple:

  • Aparece solo una letra en el listado de especificaciones, sin flecha, sin escala y sin posibilidad de ver la etiqueta.
  • Se indica una clase «A+++» en un frigorífico, lavadora, lavavajillas, televisor o bombilla. Esa clase no existe en esas familias desde 2021.
  • Se muestra la escala de referencia como «A+++ a D» en un producto reescalado.
  • No hay forma de llegar a la ficha de información del producto ni al registro EPREL.

La vigilancia del cumplimiento corresponde a las autoridades de vigilancia del mercado, competencia de las comunidades autónomas en España. Si detectas un incumplimiento claro, el camino es la oficina municipal de información al consumidor o el servicio de consumo de tu comunidad.

Ecodiseño, repuestos y reparabilidad: la otra mitad de la norma

La etiqueta energética viaja siempre acompañada de otra pieza legislativa que se menciona mucho menos: los requisitos de diseño ecológico. Mientras la etiqueta informa, el ecodiseño prohíbe: fija un mínimo por debajo del cual un producto no se puede vender en la Unión Europea. Es la razón por la que las clases más bajas de algunas escalas están vacías por abajo, igual que la A lo está por arriba.

La revisión que acompañó al reescalado de 2021 añadió algo que interesa mucho al comprador: obligaciones de repuestos y reparabilidad. Para frigoríficos, lavadoras, lavavajillas y pantallas, los fabricantes deben garantizar la disponibilidad de determinados recambios durante un número de años tras la última unidad puesta en el mercado, con plazos de entrega máximos, y facilitar información de reparación a los reparadores profesionales. Algunos recambios deben estar disponibles también para el usuario final, siempre que la sustitución pueda hacerse sin herramientas especializadas ni riesgo.

Eso convierte la disponibilidad de recambios en un criterio de compra tan real como los kWh. Un aparato barato de una marca sin red de servicio técnico en España puede salir carísimo la primera vez que falle una bomba de desagüe.

La etiqueta de móviles y tablets

Desde el 20 de junio de 2025, los teléfonos móviles y las tabletas vendidos en la Unión Europea llevan su propia etiqueta energética, regulada por el Reglamento Delegado (UE) 2023/1669. Es un formato distinto y más completo, porque además de la clase energética de la A a la G incluye:

  • Una clase de reparabilidad de la A a la E.
  • La autonomía de la batería por carga.
  • El número de ciclos de carga que la batería debe soportar conservando una capacidad mínima.
  • La resistencia a caídas repetidas.
  • La protección frente a polvo y agua (clasificación IP).

Es la dirección hacia la que camina el etiquetado europeo: dejar de mirar solo el consumo y empezar a mirar cuánto dura el producto y si se puede arreglar.

Ayudas públicas: cómo mirarlas sin llevarse un chasco

Han existido y siguen apareciendo programas de renovación de electrodomésticos, casi siempre gestionados por comunidades autónomas y a veces por ayuntamientos, con presupuesto limitado y ventana de solicitud corta. No vamos a darte importes ni nombres de convocatoria porque caducan, cambian de un año a otro y difieren entre territorios; publicar una cifra concreta aquí sería empujarte a una decisión con información falsa.

Lo que sí podemos darte son las reglas que se repiten en casi todas las convocatorias y que conviene comprobar antes de pasar por caja:

  • Verifica la convocatoria vigente en el organismo de energía de tu comunidad autónoma y en el boletín oficial correspondiente. Lo que leas en un blog, incluido este, puede estar desfasado.
  • Comprueba si hay que solicitar la ayuda antes de comprar. En muchos programas, una factura anterior a la fecha de apertura del plazo deja la solicitud fuera.
  • Revisa la clase energética mínima exigida. Con la escala nueva, exigir «clase A» en un frigorífico dejaría fuera a casi todo el mercado, así que los programas suelen fijar umbrales adaptados a la escala reescalada. Lee bien qué escala usa la convocatoria.
  • Mira si exige entregar el aparato antiguo en un punto limpio o al distribuidor, y guarda el justificante.
  • Comprueba el tratamiento fiscal: algunas subvenciones tributan como ganancia patrimonial en el IRPF del ejercicio en que se cobran. Si el importe es relevante, consúltalo con un asesor fiscal.
  • Ojo con el tipo impositivo si compras en Canarias, Ceuta o Melilla, donde no se aplica IVA sino IGIC o IPSI. Los precios y los cálculos de ayuda pensados para la península no encajan.

Y una aclaración que hace falta repetir porque circula mucho: el Plan MOVES III es un programa de movilidad eléctrica, destinado a la compra de vehículos eléctricos y a la instalación de puntos de recarga. No financia electrodomésticos, ni bombas de calor, ni aerotermia. Si un comercio te ofrece un descuento «gracias al MOVES» en una lavadora o en una climatización, la afirmación es incorrecta.

Existe además el bono social eléctrico, que es otra cosa distinta: un descuento en la factura para consumidores que cumplen determinados requisitos, no una ayuda a la compra de aparatos.

Preguntas frecuentes sobre la etiqueta de eficiencia energética

¿Qué significa hoy la etiqueta A+++?

En frigoríficos, congeladores, lavadoras, lavadoras-secadoras, lavavajillas, televisores y lámparas ya no significa nada: esas clases se suprimieron con el reescalado del Reglamento (UE) 2017/1369, que entró en vigor en tienda el 1 de marzo de 2021 y, para las fuentes luminosas, el 1 de septiembre de 2021. La escala vigente en esas familias va de A a G sin signos de suma. Si ves un A+++ en una de ellas, o es un aparato antiguo o el vendedor está usando material publicitario caducado. En secadoras, hornos, campanas, aire acondicionado y equipos de calefacción la escala con signos sigue siendo la legal porque esas familias todavía no se han reescalado.

¿Por qué casi ningún electrodoméstico es de clase A?

Porque la escala se diseñó a propósito con la clase A vacía. El Reglamento (UE) 2017/1369 obliga a que, cuando se estrena una escala reescalada, prácticamente ningún modelo del mercado alcance la A y muy pocos la B, de modo que quede recorrido para premiar mejoras futuras sin tener que inventar otra vez clases con signos de suma. Un aparato de clase C o D en la escala nueva puede ser de los mejores de su categoría.

¿Un A+++ antiguo equivale a una clase concreta de la escala nueva?

No hay tabla de conversión oficial y la Comisión Europea desaconseja usar equivalencias, porque en el reescalado no solo cambiaron los umbrales: también cambiaron los métodos de ensayo y los programas de referencia. Como orientación, muchos modelos que se vendían como A+++ quedaron en las bandas centrales de la escala nueva, pero la única comparación válida es la que se hace entre dos etiquetas del mismo tipo y con la misma unidad declarada.

¿Qué es EPREL y para qué sirve el código QR de la etiqueta?

EPREL es el registro europeo de productos con etiquetado energético, obligatorio para los proveedores desde el 1 de enero de 2019. El QR que aparece en la esquina superior derecha de las etiquetas reescaladas lleva a la ficha pública de ese modelo concreto en eprel.ec.europa.eu, donde figuran la clase, los parámetros declarados y la ficha de información del producto. Sirve para comprobar que la etiqueta pegada al aparato de la tienda corresponde de verdad a ese modelo.

¿Qué son los kWh/100 ciclos de una lavadora o un lavavajillas?

Es el consumo de cien ejecuciones del programa eco a carga nominal, no el consumo anual. Se eligió esa unidad para evitar suponer cuántos lavados hace cada hogar. Para pasarlo a kWh al año, divide entre 100 y multiplica por los ciclos que hagas al año: una lavadora de 50 kWh/100 ciclos que uses 200 veces al año gasta unos 100 kWh anuales.

¿Y los kWh/1000 h de un televisor o una bombilla?

Es el consumo de mil horas de funcionamiento. Para convertirlo a consumo anual, multiplica por las horas diarias de uso, multiplica por 365 y divide entre 1.000. Un televisor de 65 kWh/1000 h encendido cuatro horas al día ronda los 95 kWh al año. En pantallas conviene mirar el segundo recuadro: el consumo en HDR es mayor que en SDR y tiene su propia clase.

¿Por qué dos frigoríficos con el mismo consumo tienen clases distintas?

Porque la clase no depende del consumo absoluto, sino del índice de eficiencia energética, que compara el consumo medido con el consumo de referencia calculado para un aparato de ese volumen, ese número de compartimentos y esas temperaturas. Un combi grande puede gastar más kWh al año que una nevera pequeña y aun así tener mejor clase, porque se le exige más. Por eso la clase sirve para comparar aparatos equivalentes y los kWh sirven para calcular la factura.

¿Cómo paso la etiqueta a euros al año?

Convierte el dato de la etiqueta a kWh al año y multiplícalo por tu precio real de la energía. Ese precio no es el que anuncia la tarifa: sale de dividir el importe total de una factura entre los kWh facturados en ese periodo, así incluye impuestos y peajes. Como el resultado varía mucho según contrato y momento, en este artículo trabajamos con escenarios de 0,15 y 0,25 €/kWh para que veas la horquilla.

¿Qué familias siguen con la escala antigua de A+++ a D?

Las secadoras de tambor, los hornos, las campanas extractoras, los equipos de aire acondicionado y los aparatos de calefacción y agua caliente conservan sus escalas anteriores con signos de suma hasta que se apruebe y aplique su propio reescalado. En esas familias, un A+++ sí es la clase más alta disponible. Las aspiradoras dejaron de llevar etiqueta energética después de que la justicia europea anulara el reglamento que la regulaba.

¿La tienda online está obligada a enseñarme la etiqueta?

Sí. En venta a distancia el vendedor debe mostrar la clase energética junto al precio y dar acceso a la etiqueta completa y a la ficha de información del producto, normalmente mediante una flecha de color que despliega la etiqueta al pulsarla. Si una ficha solo dice una letra suelta, sin escala de referencia ni acceso a la etiqueta, le falta información obligatoria.

¿Compensa cambiar un electrodoméstico que todavía funciona?

Depende del aparato y de las horas que trabaje. Un frigorífico está enchufado 8.760 horas al año, así que la diferencia de consumo se acumula sola; un horno que usas dos veces por semana tarda muchísimo más en devolver la diferencia de precio. La regla práctica: calcula el ahorro anual en euros con tu precio real de kWh, divide el sobrecoste del modelo más eficiente entre ese ahorro y compara el resultado con los años de vida útil que te quedan por delante.

¿Hay ayudas públicas para comprar electrodomésticos eficientes?

Ha habido programas de renovación de electrodomésticos gestionados por comunidades autónomas y por ayuntamientos, con plazos y presupuestos limitados que se agotan. No damos importes ni convocatorias porque cambian y caducan: consulta la convocatoria vigente en el organismo de tu comunidad autónoma antes de comprar y revisa si exige solicitar la ayuda previamente y entregar el aparato viejo. El Plan MOVES III no aplica aquí: es un programa de movilidad eléctrica, para vehículos y puntos de recarga.

Fuentes oficiales para comprobarlo tú mismo

Todo lo que has leído se puede verificar en textos públicos. Estas son las referencias que hemos usado, para que no tengas que fiarte de nuestra palabra:

  • Reglamento (UE) 2017/1369 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 4 de julio de 2017, por el que se establece un marco para el etiquetado energético. Es la norma que ordena el reescalado y define la obligación de registro.
  • Reglamento Delegado (UE) 2019/2016, aparatos de refrigeración.
  • Reglamento Delegado (UE) 2019/2014, lavadoras y lavadoras-secadoras domésticas.
  • Reglamento Delegado (UE) 2019/2017, lavavajillas domésticos.
  • Reglamento Delegado (UE) 2019/2013, pantallas electrónicas.
  • Reglamento Delegado (UE) 2019/2015, fuentes luminosas.
  • Reglamento Delegado (UE) 2023/1669, teléfonos móviles y tabletas.
  • Registro EPREL, en eprel.ec.europa.eu, para la ficha pública de cada modelo.
  • Los reglamentos de diseño ecológico asociados a cada familia, que fijan los mínimos y las obligaciones de repuestos.

Los anexos de cada reglamento delegado contienen el diseño exacto de la etiqueta, la definición de cada pictograma, las fórmulas de cálculo del índice de eficiencia energética y los umbrales que separan las clases. Si necesitas el dato exacto de una familia concreta, ahí está.

Lo que conviene llevarse a la tienda

Resumido en cinco frases: la escala vigente en frigoríficos, congeladores, lavadoras, lavavajillas, televisores y bombillas es de A a G y no admite signos de suma; la clase A está casi vacía por diseño, así que una C o una D pueden ser excelentes; la letra compara aparatos equivalentes y el número de kWh calcula el dinero; cada familia declara su consumo en una unidad distinta y hay que convertirla al año antes de multiplicar; y el precio con el que multiplicar sale de dividir el importe de tu factura entre los kWh que te facturaron, no de la publicidad de ninguna tarifa.

Con eso y con el QR de la etiqueta, tienes más criterio que la mayoría de la gente que entra a comprar un electrodoméstico. Si además quieres profundizar en cómo se comporta tu casa en conjunto, echa un vistazo a nuestra guía sobre el ahorro energético y sus claves. Automatiza tu hogar con nuestras soluciones de domótica para el hogar.

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Escrito por el Equipo EnergiaBarata

Revisado y actualizado el 2026-08-08 a partir del Reglamento (UE) 2017/1369 y de los reglamentos delegados de cada familia de producto. No realizamos ensayos de laboratorio propios ni publicamos valoraciones de modelos concretos.