Alternativas Ahorro Luz
Cómo ahorrar luz en casa de verdad: qué mueve la factura y qué no
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Respuesta rápida
En una vivienda española media, el orden de prioridades para bajar la factura de la luz es este: primero ajusta la potencia contratada (es dinero que pagas cada mes aunque no enciendas nada), después la climatización y el agua caliente si son eléctricas (temperatura de consigna y, si puedes, bomba de calor en lugar de resistencia), luego desplaza las cargas grandes a la franja valle si tu contrato tiene precio por horas, y solo al final ve a por los detalles: secadora frente a tendedero, frigorífico bien regulado, horno usado con cabeza, LED y aparatos en espera. Cambiar de tarifa ayuda, pero no arregla una casa que consume mal.
Lo que no funciona: los aparatos «ahorradores de luz» que se enchufan a un enchufe, poner la lavadora de noche cuando tienes un precio plano las 24 horas, y creer que las bombillas gastan mucho al encenderse.
Hay dos formas de gastar menos en electricidad y solo una da resultados grandes de golpe. La primera es la que ocupa el 90 % de los artículos: apagar cosas, desenchufar cargadores, cambiar bombillas. Está bien, pero son céntimos acumulados. La segunda es mirar la factura como lo que es —un contrato con dos partes, una fija y una variable— y atacar cada parte con la medida que le corresponde. Esta guía va de eso: qué medidas mueven euros y cuáles mueven céntimos, ordenadas por lo que cuesta aplicarlas.
No vas a encontrar aquí un porcentaje de ahorro medio ni una tabla con precios de compañías. Los porcentajes que circulan («ahorra un 30 %») no significan nada si no se sabe de qué casa se parte, y los precios de las comercializadoras cambian de un mes a otro. Para eso está el comparador oficial de ofertas de la CNMC, que es gratuito, no cobra comisión de nadie y trabaja con las ofertas registradas. Si quieres la panorámica más amplia del ahorro energético del hogar (incluyendo gas y agua), la tienes en nuestra guía general de ahorro energético; esta página se centra en la electricidad y va medida a medida.
¿Prefieres empezar por el contrato?
Si lo que buscas es revisar tarifa y potencia antes de tocar hábitos, empieza por ahí y vuelve luego a la parte de medidas.
Ver productos recomendados →Antes de cambiar nada, mide: sin datos vas a ciegas
La mayoría de la gente que quiere ahorrar luz empieza comprando algo. Lo razonable es empezar mirando. Todos los contadores digitales instalados en España registran el consumo hora a hora y esa curva horaria es tuya: puedes descargarla gratis desde la web de tu distribuidora (Iberdrola i-DE, Endesa e-distribución, Naturgy UFD, Viesgo, EDP...) con el CUPS que aparece en la factura y el DNI del titular. No la pide la comercializadora, la da la distribuidora, y es el único documento que te dice de verdad cómo consumes.
Con esa curva delante se ven cosas que ninguna estimación adivina. Un escalón permanente de 100 o 150 W a las cuatro de la mañana, cuando teóricamente no hay nadie despierto, es tu consumo base: frigorífico, router, descodificador, cargadores, alarma, bomba de recirculación. Un pico de 3 kW sostenido tres horas cada noche de enero es un radiador eléctrico o un termo. Y si tu máximo del mes no llega ni a la mitad de la potencia que tienes contratada, estás pagando por un margen que no usas.
Tres formas de medir, de la más barata a la más útil
- La curva horaria de la distribuidora (gratis). Te da el total de la casa por horas, con dos o tres días de retraso. Suficiente para ver franjas, consumo base y potencia máxima.
- Un medidor de enchufe (unos 15-30 €). Se pone entre el enchufe y el aparato y mide vatios y kWh acumulados. Es la manera honesta de saber lo que gasta tu secadora o tu frigorífico, no lo que dice un artículo genérico.
- Un monitor de consumo en el cuadro (entre unos 60 y 200 € según modelo). Se instala con una pinza amperimétrica en la acometida y te da el consumo en tiempo real en el móvil. Es lo que engancha de verdad, porque ves subir la cifra cuando enciendes el horno.
Si quieres el detalle de cómo interpretar los datos del contador y qué apps sirven, lo desarrollamos en cómo leer el consumo del contador digital y en monitorizar el consumo eléctrico en tiempo real.
La regla que mejor funciona: no intentes ahorrar en lo que no has medido. Un mes de curva horaria descarta más ideas malas que diez artículos de trucos.
Dónde se va la electricidad de una casa, por bloques
No hay un reparto único: una casa con calefacción de gas y otra con radiadores eléctricos no se parecen en nada, y dos familias idénticas en el mismo edificio pueden gastar el doble la una que la otra. Por eso desconfía de cualquier gráfico de tarta que te dé porcentajes exactos: solo valen los órdenes de magnitud. Y esos sí son estables, porque dependen de la física de cada aparato: cuántos vatios pide y cuántas horas está encendido.
La clave es multiplicar potencia por horas. Un frigorífico de 100-150 W consume poco en cada instante pero está las 8.760 horas del año, así que suma. Un horno de 2.200 W consume muchísimo mientras está encendido, pero si lo usas dos horas a la semana casi no aparece en la factura. Un radiador eléctrico de 1.500 W encendido cinco horas al día en invierno se lleva más que todo lo demás junto. Esta es la jerarquía real:
| Bloque | Potencia típica | Peso en la factura | Qué lo dispara |
|---|---|---|---|
| Climatización eléctrica (calefacción y aire acondicionado) | De 700 W a más de 3.000 W por equipo | El bloque dominante en casas sin gas: puede ser la mitad o más del consumo anual | Radiadores de resistencia, mala envolvente, temperaturas de consigna extremas |
| Agua caliente sanitaria si es eléctrica (termo o calentador) | 1.000-2.400 W | Muy alto, del orden de cientos de kWh al año por persona | Duchas largas, termo mal dimensionado o sin aislar, temperatura excesiva |
| Frigorífico y congelador | 80-250 W en funcionamiento, cíclico | Alto por acumulación: está siempre encendido | Equipos de más de 12-15 años, escarcha, ubicación junto a fuentes de calor |
| Lavadora, lavavajillas y secadora | 500-2.500 W durante el ciclo | Medio-alto, y sube mucho si hay secadora de uso diario | Programas a 60-90 °C, secadora en lugar de tendedero, medias cargas |
| Cocina: horno, vitrocerámica o inducción | 1.200-3.000 W por zona o cavidad | Medio: mucha potencia, pocas horas | Precalentar de más, cocinar destapado, horno para una sola bandeja |
| Consumo en espera (standby) y equipos de red | 20-60 W permanentes en el conjunto de la casa | Bajo-medio: real, pero son decenas de euros al año, no cientos | Descodificadores, consolas, equipos de música, cargadores, router |
| Iluminación con LED | 5-12 W por punto de luz | Bajo, si ya has hecho el cambio | Halógenos supervivientes en cocina y baño, exteriores encendidos toda la noche |
Fíjate en lo que dice esta tabla y en lo que no dice. Sí dice que si tu casa se calienta con electricidad, ahí está la batalla y todo lo demás es secundario. No dice que apagar el router sea inútil: dice que ahorrarás decenas de euros al año, no cientos, y que si el discurso de tu proveedor de trucos empieza y acaba en los aparatos en espera, te está distrayendo de lo que importa. Tenemos el desglose de vatios aparato por aparato en consumo fantasma: lista de vatios reales.
💡 Consejo rápido: Antes de comprar nada, descarga tu curva horaria del último año en la web de tu distribuidora. Es gratis y te dice en diez minutos por dónde empezar.
Ver opciones actualizadas →Climatización: aquí se decide tu factura
Si calientas o refrigeras con electricidad, este apartado vale más que todos los demás juntos. Y tiene dos palancas: a qué temperatura pones el termostato y con qué tipo de máquina generas ese calor o ese frío. La primera es gratis. La segunda cuesta dinero pero cambia la escala del problema.
La temperatura de consigna: cada grado cuenta y se nota
La demanda de calefacción depende de la diferencia entre la temperatura interior y la exterior. Cuanto mayor es ese salto, más calor se escapa por paredes, ventanas y suelo, y más tiene que trabajar el equipo. Por eso subir la consigna de 21 a 23 °C no es un ajuste cosmético: aumenta el salto térmico durante todas las horas de calefacción del invierno. En refrigeración pasa lo mismo al revés cuando bajas de 26 a 22 °C.
En viviendas particulares no hay ninguna temperatura obligatoria (las limitaciones que se publicaron en 2022 afectaban a edificios públicos, comerciales y de uso colectivo, no a tu casa). Lo que hay son recomendaciones de confort razonables: en torno a 19-21 °C en invierno y 25-27 °C en verano, con ropa acorde a la estación. No te fíes de quien te prometa un porcentaje exacto de ahorro por grado: depende del aislamiento de tu vivienda, de la zona climática y del rendimiento del equipo. Lo que sí puedes hacer es probarlo un mes con la curva horaria delante y verlo con tus números.
Bomba de calor frente a radiadores eléctricos: la diferencia no es un detalle
Un radiador eléctrico, un convector, un emisor térmico o un calefactor de aire hacen lo mismo: pasar corriente por una resistencia. Todos convierten un kilovatio hora de electricidad en un kilovatio hora de calor. Ni más ni menos, por muy caro que sea el aparato y por mucho que el fabricante hable de «bajo consumo», «fluido térmico» o «inercia cerámica». La inercia cambia cómo se reparte el calor en el tiempo, no cuánta electricidad hace falta.
Una bomba de calor no genera calor: lo mueve del exterior al interior. Por eso puede entregar varias veces más calor que la electricidad que consume. Ese ratio es el COP (o el SCOP si se mide en toda la temporada) y en climas templados españoles los equipos actuales de aire-aire y de aerotermia trabajan habitualmente en valores de 3 a 4,5 según el modelo y la temperatura exterior. Traducido: para el mismo calor en la habitación, una bomba de calor puede pedir a la red del orden de un tercio o un cuarto de lo que pide una resistencia.
| Sistema | Rendimiento eléctrico | Inversión | Cuándo tiene sentido |
|---|---|---|---|
| Radiador o emisor eléctrico de resistencia | COP = 1 (1 kWh eléctrico = 1 kWh de calor) | Muy baja: decenas de euros por aparato | Uso puntual, estancias que se calientan pocas horas al año, segundas residencias |
| Acumulador eléctrico con carga en valle | COP = 1, pero desplazando el consumo a horas más baratas | Baja-media | Contratos con precio por horas y viviendas donde no cabe otra solución |
| Bomba de calor aire-aire (el «aire acondicionado» con bomba) | SCOP habitual entre 3 y 4,5 | Media: instalación de split o multisplit | La mejor relación coste-resultado en la mayoría de pisos; sirve para frío y calor |
| Aerotermia (aire-agua) con radiadores o suelo radiante | SCOP habitual entre 3 y 4,5, mejor cuanto más baja la temperatura de impulsión | Alta: proyecto completo | Viviendas con buena envolvente, obra o reforma en marcha, sustitución de caldera |
Con esos números, cambiar de resistencias a bomba de calor es la única medida que puede dividir tu consumo de calefacción, no recortarlo un poco. En un piso, un multisplit bien dimensionado suele ser la opción más sensata antes de plantear nada mayor. Si te estás planteando el salto grande, en aerotermia frente a caldera de gas comparamos las dos vías, y en calefacción eléctrica de bajo consumo desmontamos lo que promete el marketing de los emisores.
El aire acondicionado en verano
Las cuatro cosas que de verdad funcionan con el aire acondicionado no cuestan dinero. Bajar persianas y cerrar cortinas en las horas de sol, para que no entre el calor que luego hay que sacar. Poner el modo automático de ventilador en vez de mínimo, porque el equipo alcanza la consigna antes y arranca menos veces. Ventilar de madrugada, cuando el aire de fuera está más frío que el de dentro. Y limpiar los filtros: un filtro sucio obliga al ventilador a trabajar contra la suciedad y baja el rendimiento del intercambio. Lo desarrollamos en cómo reducir el consumo del aire acondicionado.
El agua caliente eléctrica, el gasto silencioso
Si tu agua caliente sale de un termo eléctrico, es probable que sea el segundo consumo de tu casa y casi nadie lo mira. Calentar agua es caro en energía porque el agua tiene mucha capacidad térmica: subir un depósito de 80 litros desde la temperatura de red hasta 60 °C pide bastantes kilovatios hora, y el termo repite parte de ese trabajo cada vez que el depósito pierde calor.
Qué se puede hacer sin obra: ajustar el termostato del termo a unos 60 °C (por debajo de 55 °C se pierde el margen de seguridad frente a la legionela; muy por encima solo se aumentan las pérdidas y la cal), aislar el depósito y los primeros metros de tubería si están a la vista y fríos al tacto, programar la resistencia para que caliente en las horas más baratas si tu contrato distingue periodos, y acortar duchas. Un cabezal de ducha de bajo caudal es una de las inversiones de menos de 30 € con más retorno de toda la casa, porque cada litro de agua caliente que no gastas es electricidad que no pagas. Si la vivienda lo permite, una bomba de calor de ACS o un apoyo solar térmico juegan en otra liga, y en aprovechar la energía solar para calentar agua lo explicamos con detalle.
Regla práctica: todo lo que en tu casa funcione calentando algo con una resistencia (agua, aire, ropa) es candidato número uno a revisión. Todo lo que funcione moviendo calor de un sitio a otro ya juega con ventaja.
Los electrodomésticos, medida a medida
Aquí es donde se concentran los consejos de siempre, y donde conviene separar los que mueven euros de los que mueven céntimos. Van ordenados por lo que suelen aportar en una casa normal.
Lavadora: la temperatura es casi todo el consumo
En una lavadora, la mayor parte de la electricidad no se gasta girando el tambor: se gasta calentando el agua. Por eso el mismo programa a 30 °C y a 60 °C se lleva cantidades muy distintas de energía, y por eso bajar la temperatura es la medida individual con mejor relación esfuerzo-resultado de toda la cocina. Los detergentes actuales están formulados para trabajar en frío o en tibio; la ropa de uso diario sale igual de limpia a 30 °C. Reserva los 60 °C para ropa de cama en episodios de enfermedad, trapos de cocina y poco más.
Lo segundo es llenar el tambor. Un programa a media carga no consume la mitad: consume bastante más de la mitad, porque hay que calentar agua y mover el tambor igual. Y lo tercero, si tu contrato tiene precio por horas, programar el arranque diferido para que el ciclo caiga en valle. Casi todas las lavadoras de la última década tienen inicio diferido, aunque no lo hayas usado nunca.
Secadora frente a tendedero: la comparación incómoda
Secar ropa con electricidad es caro por definición: hay que evaporar agua, y evaporar agua exige mucha energía. Una secadora de condensación clásica se lleva del orden de varios kilovatios hora por carga; una de bomba de calor baja bastante ese consumo, pero sigue estando muy por encima de cero. El tendedero consume cero. Si tienes terraza, galería o balcón, cada carga que tiendes en vez de secar es dinero directo.
Dicho de otro modo: en una casa con secadora de uso diario, la secadora suele ser el electrodoméstico que más pesa después de la climatización y el agua caliente. Si no puedes renunciar a ella (bebés, pisos interiores sin ventilación, inviernos húmedos del norte), dos cosas ayudan mucho: centrifugar al máximo revoluciones en la lavadora antes de secar, porque el agua que quita el centrifugado es agua que no hay que evaporar; y no mezclar tejidos gruesos con finos, para que el ciclo no se alargue por culpa de dos prendas.
Lavavajillas: mejor que a mano, si lo usas bien
Un lavavajillas lleno en programa eco gasta menos agua caliente que lavar la misma vajilla a mano con el grifo abierto. El programa eco parece contradictorio porque dura más, pero es más eficiente precisamente por eso: alarga el tiempo de remojo para poder trabajar a menos temperatura. Salta el prelavado si el programa lo permite, retira restos sólidos sin enjuagar bajo el grifo y abre la puerta al terminar en vez de usar el ciclo de secado con calor.
Frigorífico: pequeño consumo, muchas horas
El frigorífico no destaca en potencia pero está encendido siempre, así que las mejoras se multiplican por 8.760 horas. Cuatro ajustes concretos:
- Temperatura. Unos 4-5 °C en el frigorífico y −18 °C en el congelador son suficientes para conservar bien. Cada grado por debajo de eso es trabajo extra del compresor sin beneficio alimentario.
- Escarcha. Una capa de hielo en las paredes del congelador actúa como aislante entre el evaporador y los alimentos, y el equipo compensa funcionando más. Si tu congelador no es No Frost, descongélalo cuando la capa pase de unos pocos milímetros.
- Ubicación. Un frigorífico pegado al horno, junto a una ventana con sol directo o encajado sin holgura por detrás trabaja contra el calor que le llega. Deja unos centímetros de separación en la parte trasera y superior, y evita el hueco contiguo al horno cuando la cocina lo permita. Y limpia el polvo del condensador una o dos veces al año: es rejilla de intercambio, no adorno.
- Hábitos. No metas comida caliente, no dejes la puerta abierta mientras decides, y comprueba las gomas: si un billete sujeto por la puerta se cae solo, la junta ya no cierra y estás refrigerando la cocina.
Sobre cuándo merece la pena sustituirlo: un frigorífico de más de doce o quince años puede consumir el doble o más que un equipo actual equivalente, así que ahí la renovación se paga. En uno de cinco años, no. La etiqueta energética cambió de escala en 2021 y ahora va de A a G sin los antiguos «A+++», lo que confunde bastante al comparar; lo explicamos en cómo leer la etiqueta energética.
Horno, vitrocerámica, inducción y olla rápida
Cocinar consume mucha potencia durante poco tiempo. Las medidas útiles son de sentido común mecánico: tapar las ollas (sin tapa, buena parte del calor se va en vapor), usar el diámetro de recipiente que corresponde a la zona, apagar la vitrocerámica unos minutos antes y aprovechar el calor residual, y no precalentar el horno salvo en repostería que lo exija de verdad. Aprovechar una sola encendida del horno para cocinar dos o tres cosas seguidas es más eficiente que tres encendidas distintas, porque la energía de subir la cavidad a temperatura se paga una vez.
La olla rápida es la campeona discreta de la cocina: al trabajar a presión el agua hierve por encima de 100 °C y los tiempos de cocción se reducen de forma notable, con lo que el fuego está encendido mucho menos tiempo. Legumbres, caldos y guisos que pedían dos horas se resuelven en una fracción. La inducción, frente a la vitrocerámica radiante, calienta directamente el recipiente y pierde menos calor en el aire, además de responder al instante.
El consumo en espera: real, pero medible
Aquí conviene ser honesto en las dos direcciones. Es verdad que el standby existe y que en una casa con descodificador, consola, barra de sonido, televisor, impresora, microondas con reloj, alarma y varios cargadores puede haber del orden de 20 a 60 W permanentes. Eso, funcionando las 24 horas del año, son unos cuantos cientos de kilovatios hora anuales: decenas de euros. Es dinero, y una regleta con interruptor en el mueble del salón lo elimina casi sin esfuerzo.
Y es mentira que ahí esté la explicación de una factura alta. Si te llega una factura desproporcionada, la causa está en la climatización, en el agua caliente, en la potencia contratada o en un electrodoméstico averiado que funciona sin parar, no en el LED rojo del televisor. Los cargadores de móvil modernos sin nada conectado consumen fracciones de vatio: desenchufarlos es buena costumbre por seguridad eléctrica más que por ahorro. El descodificador de televisión, la consola en reposo con actualizaciones activadas y los equipos de audio antiguos sí son objetivos de verdad.
Iluminación: si ya tienes LED, esto está hecho
El cambio de incandescente y halógeno a LED es el ahorro más rotundo que ha habido en el hogar en veinte años, y a estas alturas casi todo el mundo lo ha hecho en el salón. Donde suelen quedar supervivientes es en los focos empotrados de cocina y baño, en el flexo, en las lámparas de mesilla y en los exteriores. Un LED da la misma luz que una incandescente de 60 W con unos 8-10 W, así que sustituir los halógenos dicroicos que queden es dinero fácil. Elige por lúmenes, no por vatios, y fíjate en la temperatura de color: 2.700-3.000 K para zonas de estar, 4.000 K para zonas de trabajo. Tenemos la tabla de equivalencias en equivalencia de vatios y lúmenes en bombillas LED.
Lo que ya no aporta casi nada es cambiar un LED de 9 W por otro de 7 W. Cuando la iluminación de tu casa está en LED, deja de ser un frente de ahorro y pasa a ser un tema de confort. El único LED que sigue costando dinero es el que está encendido en una habitación vacía, y para eso hay detectores de presencia baratos en pasillos, garajes y trasteros.
| Medida | Coste | Impacto esperable | Esfuerzo |
|---|---|---|---|
| Ajustar la potencia contratada a tu máximo real | Ninguno o trámite menor | Alto y permanente en el término fijo | Una gestión con la comercializadora |
| Bajar la consigna de calefacción 1-2 °C | Ninguno | Alto si la calefacción es eléctrica | Un ajuste y acostumbrarse |
| Lavar a 30 °C en lugar de 60 °C | Ninguno | Medio-alto | Cambiar el programa por defecto |
| Tender en vez de secar en secadora | Ninguno | Alto si usabas secadora a diario | Depende de tu vivienda |
| Desplazar lavadora y lavavajillas a valle | Ninguno | Medio, solo con precio por horas | Programar el inicio diferido |
| Regular frigorífico, descongelar y limpiar condensador | Ninguno | Medio por acumulación | Media hora una o dos veces al año |
| Regletas con interruptor para el standby del salón | 10-20 € | Bajo-medio | Mínimo |
| Cabezal de ducha de bajo caudal (con ACS eléctrica) | 15-30 € | Medio-alto | Cinco minutos |
| Sustituir los halógenos que queden por LED | 3-8 € por punto | Bajo-medio | Mínimo |
| Termostato programable o inteligente | Decenas a un par de cientos de euros | Medio, mayor si antes no programabas nada | Instalación sencilla o con técnico |
| Sustituir resistencias por bomba de calor | Inversión relevante | El más alto de la lista en calefacción eléctrica | Instalación profesional |
| Aislamiento y carpinterías | Inversión alta | Alto y para toda la vida del edificio | Obra |
La parte de la factura que no depende de lo que consumes
Aquí está el ahorro que casi nadie aprovecha, porque no se consigue apagando nada. Tu factura de luz tiene, simplificando, dos grandes bloques antes de impuestos: el término de energía, que multiplica los kilovatios hora que has consumido, y el término de potencia, que multiplica los kilovatios que tienes contratados por los días del periodo de facturación. El segundo lo pagas entero aunque te vayas un mes de vacaciones con el cuadro bajado.
Ese término fijo se compone de los peajes de acceso a la red que fija la CNMC y de los cargos que fija el Ministerio, más el margen que añada tu comercializadora. En el peaje 2.0TD la potencia se contrata en dos valores: uno para punta y otro para valle, y el precio del kilovatio de punta es mucho más alto que el de valle. Es decir: no es lo mismo tener 5,75 kW contratados en punta que tenerlos solo en valle.
Cómo saber si tienes potencia de sobra
La forma correcta es mirar el maxímetro: la distribuidora registra la potencia máxima que has demandado en cada periodo, y ese dato aparece en la factura o en tu área de cliente de la distribuidora. Si tu máximo del último año se queda muy por debajo de lo contratado, tienes margen para bajar. La cuenta rápida a mano es sumar los aparatos que de verdad pueden coincidir a la vez: si el horno son 2,2 kW, la vitro 1,5 kW mientras cocinas con dos fuegos y el termo 1,5 kW, no es lo mismo que sumar la placa de características de todo lo que hay en casa.
Las potencias normalizadas más habituales en vivienda son 3,45 kW, 4,6 kW y 5,75 kW. Un piso pequeño sin calefacción eléctrica ni vitrocerámica de inducción potente suele arreglarse con 3,45 kW. Un piso con inducción, horno y termo eléctrico normalmente necesita 4,6 kW o más. En 3,45 kW frente a 4,6 kW y en elegir potencia según tus electrodomésticos lo aterrizamos con casos.
Bajar es barato, subir es caro: por qué el orden importa
Esta asimetría es la razón por la que conviene atreverse a bajar. Reducir la potencia contratada es una operación administrativa: la instalación ya está montada para más y solo hay que reprogramar el limitador del contador digital, así que como mucho te cobrarán unos derechos de actuación modestos. Subir la potencia es otra cosa: implica pagar derechos de acceso y, si superas lo que tenía reservado tu instalación, también derechos de extensión, que se calculan por kilovatio ampliado y pueden sumar bastante. Y si subes por encima de lo que soporta tu boletín eléctrico, harán falta un certificado de instalación actualizado y, en casos antiguos, obra en el cuadro.
A esto se añade una limitación normativa que hay que tener en cuenta: la potencia contratada solo se puede modificar una vez cada doce meses, salvo supuestos concretos como los cambios asociados a la entrada en vigor de nuevos peajes. O sea, que no puedes ir probando cada mes. La estrategia sensata es: mira el maxímetro de un año completo (incluido el invierno, que es cuando más se demanda), baja al escalón inmediatamente superior a tu máximo real y convive con ello. Los importes vigentes de cada trámite los mantenemos actualizados en cuánto cuesta cambiar la potencia contratada.
El miedo a bajar potencia es «que salten los plomos». Lo que ocurre en realidad es que el limitador del contador corta si superas la potencia contratada, y se rearma volviendo a subir el interruptor general al cabo de unos segundos. Si te salta dos veces en un año porque coincidieron horno, secadora y vitro, has ahorrado doce meses de término fijo a cambio de dos molestias.
Los periodos de la 2.0TD y cómo aprovecharlos
Desde junio de 2021 todos los suministros de baja tensión de hasta 15 kW están en el peaje 2.0TD, que divide el día en tres periodos con precios de acceso distintos. Esto se aplica a los peajes y cargos de todo el mundo; lo que cambia según tu contrato es si la parte de energía que te cobra la comercializadora también distingue horas o es un precio plano.
| Periodo | Días | Horario | Qué hacer |
|---|---|---|---|
| Punta (el más caro) | Laborables de lunes a viernes | De 10:00 a 14:00 y de 18:00 a 22:00 | Evitar secadora, lavavajillas, horno largo y carga del coche eléctrico |
| Llano (intermedio) | Laborables de lunes a viernes | De 8:00 a 10:00, de 14:00 a 18:00 y de 22:00 a 24:00 | Franja aceptable para cargas medias si no puedes esperar al valle |
| Valle (el más barato) | Laborables | De 00:00 a 8:00 | Lavadora, lavavajillas, secadora, termo y recarga del coche |
| Valle (el más barato) | Sábados, domingos y festivos nacionales | Las 24 horas del día | Todo el fin de semana es franja barata: agrupa las coladas ahí |
El detalle que se pasa por alto: el fin de semana completo es valle. Si trabajas fuera y te cuesta programar la lavadora a las tres de la mañana, agrupar la ropa del sábado por la mañana consigue casi lo mismo sin trasnochar. Y los festivos de ámbito nacional también cuentan como valle las 24 horas, aunque los autonómicos y locales no.
Cuándo sirve desplazar consumo y cuándo no. Si tienes PVPC o una tarifa indexada, el precio horario de la energía cambia cada hora y desplazar cargas se nota en la energía y en los peajes. Si tienes una tarifa de precio fijo con un único valor las 24 horas, la comercializadora ya te ha promediado los peajes dentro de ese precio, así que mover la lavadora a la madrugada apenas cambia tu factura: no es que sea inútil (ayuda al sistema eléctrico), es que no te lo pagan a ti. Antes de reorganizar tu vida doméstica, comprueba en tu factura si aparecen tres precios de energía o solo uno. Lo desarrollamos en cómo funcionan las horas valle y punta y en horarios de la tarifa de luz.
Cambiar de tarifa: qué esperar y qué no
Cambiar de comercializadora es gratis, no requiere cortes de suministro y no lo puede impedir la compañía saliente si no tienes permanencia pendiente. Es una gestión útil, pero conviene entender su techo: cambiar de tarifa reordena el precio al que pagas cada kilovatio hora, no reduce los kilovatios hora. Si tu problema es que tienes 6.000 kWh anuales por calentar con resistencias una vivienda mal aislada, ninguna tarifa te va a salvar.
Tres cosas que mirar en cualquier oferta, en este orden: el precio de la energía sin promociones temporales de bienvenida; el precio del término de potencia, que muchas comercializadoras inflan porque nadie lo compara; y las cuotas fijas añadidas por servicios de mantenimiento o asistencia, que se cuelan en el contrato y se pagan aunque nunca las uses. Un precio de energía muy bajo con una cuota mensual de servicios puede salir más caro que uno normal sin extras.
Para comparar sin sesgo, usa el comparador de ofertas de la CNMC: es el oficial, incluye las ofertas que las comercializadoras están obligadas a comunicar y no cobra comisión por captarte. Aquí no vamos a poner una tabla de precios por compañía porque cualquier tabla de ese tipo estaría desactualizada la semana siguiente, y una tabla desactualizada es peor que ninguna. Si necesitas la comparativa metodológica, la tienes en PVPC frente a mercado libre.
Y una nota que no es de ahorro sino de derechos: si tus ingresos están por debajo de los umbrales del bono social eléctrico, el descuento en la factura es mucho mayor que cualquier optimización doméstica. Merece la pena comprobarlo en requisitos del bono social eléctrico antes de dedicar meses a perseguir vatios.
Medidas de inversión: en qué orden gastar el dinero
Cuando las medidas gratuitas están hechas y quieres dar el siguiente paso, el orden importa más que el presupuesto. Y el orden correcto casi nunca es el que propone el comercial que llama a tu puerta.
1. Primero la envolvente: aislamiento y carpinterías
La razón es simple: el aislamiento reduce la demanda, y los equipos solo cubren la demanda que queda. Si aíslas primero, el equipo que necesitas después es más pequeño, más barato y trabaja mejor. Si compras el equipo primero, lo dimensionas para una casa que se te escapa por todas las juntas y pagas dos veces: en la máquina y en cada factura de por vida.
Por dónde empezar en una vivienda existente: el techo o la cubierta si tienes bajo cubierta accesible, porque es la actuación más barata por metro cuadrado y el calor se va hacia arriba. Después las ventanas, que son el punto débil obvio de casi cualquier piso español anterior a los años noventa: una carpintería con rotura de puente térmico y doble acristalamiento cambia la sensación térmica junto a la ventana, no solo la factura. Y en casas unifamiliares o fachadas completas, el aislamiento por el exterior tipo SATE es lo que más resuelve, aunque exige acuerdo de comunidad y obra. Lo comparamos en qué material de aislamiento elegir y en ventanas de PVC con doble acristalamiento.
Y antes de eso, lo que cuesta veinte euros: burletes en puertas y ventanas que silban, tapar la rendija bajo la puerta de entrada, y cerrar las cajas de persiana, que en muchos pisos son un agujero directo al exterior justo encima del radiador.
2. El termostato: la inversión pequeña que ordena el resto
Un termostato programable evita el patrón que más energía desperdicia: calentar la casa a tope cuando no hay nadie y apagar justo cuando llega la gente. Los modelos conectados añaden geolocalización, control por zonas y registro del consumo, que es lo que más ayuda a corregir hábitos porque te enseña las horas en las que el equipo trabajó para nada. Cuánto se ahorra realmente depende de lo mal que programaras antes: si ya apagabas al salir, la ganancia es pequeña; si tenías la calefacción a temperatura constante todo el día, es notable. Lo analizamos en termostatos inteligentes: cuánto ahorras de verdad.
3. Bomba de calor o aerotermia
Es la inversión que más cambia la factura en una vivienda que se calienta con electricidad, por lo que ya hemos visto del rendimiento. Dos avisos honestos. El primero: la aerotermia da su mejor rendimiento con temperaturas de impulsión bajas, así que funciona muy bien con suelo radiante o radiadores sobredimensionados de baja temperatura, y peor si la conectas a radiadores antiguos pensados para 70 °C sin tocar nada más. El segundo: en una vivienda con mala envolvente, la aerotermia funciona, pero el dimensionado se dispara y el retorno se alarga. Pide un cálculo de cargas térmicas por escrito, no un presupuesto por metros cuadrados.
4. Autoconsumo solar y batería virtual
El autoconsumo fotovoltaico funciona mejor cuanto más consumo tengas de día, porque la energía que produces y usas en el momento es la que vale de verdad. Los excedentes que vuelcas a la red se te compensan en la factura mediante el mecanismo de compensación simplificada, pero se compensan a un precio menor que el que pagas por comprar, y solo hasta el importe del término de energía del periodo: no generan saldo negativo ni te devuelven dinero. Por eso los perfiles que mejor amortizan son teletrabajo, familias con alguien en casa a mediodía, piscinas con bomba de filtrado diurno, aerotermia y coche eléctrico que carga con sol.
La batería virtual no es una batería: es un servicio comercial que convierte tus excedentes en un saldo económico que puedes aplicar a facturas posteriores o a otros suministros del mismo titular, según las condiciones de cada comercializadora. Está bien para no perder excedentes en verano, pero fíjate en tres cosas antes de firmar: si el saldo caduca, a qué precio te valoran el kWh vertido, y si te obligan a una tarifa concreta o a una cuota mensual. Lo explicamos sin humo en batería virtual en autoconsumo y en cómo funciona la compensación de excedentes. Para el dimensionado de la instalación, en placas solares para autoconsumo en vivienda.
5. Ayudas: qué existe y qué no
Empecemos por lo que no existe, porque es una confusión muy repetida: el Plan MOVES III no financia bombas de calor, aerotermia, aislamiento ni placas solares. MOVES III es un programa de movilidad eléctrica, dirigido a la compra de vehículos eléctricos y a la instalación de puntos de recarga. Si has leído en alguna web que te dan miles de euros por una aerotermia «gracias al MOVES», la información es falsa.
Las vías reales, que hay que comprobar en la convocatoria vigente de tu comunidad autónoma o municipio antes de contratar nada, son estas: los programas autonómicos de rehabilitación energética de viviendas y edificios, que se publican por convocatorias con plazo y presupuesto limitado; las deducciones en el IRPF por obras de mejora de la eficiencia energética de la vivienda, que exigen certificado de eficiencia energética antes y después de la obra para acreditar la mejora y tienen plazos que se han ido prorrogando, así que hay que verificar el ejercicio en el que aún aplican; y las bonificaciones municipales de IBI e ICIO por instalar autoconsumo o mejorar la envolvente, que dependen de la ordenanza fiscal de cada ayuntamiento y varían mucho de un municipio a otro. Regla de oro: la solicitud suele tener que presentarse antes de empezar la obra, y ninguna ayuda es segura hasta que está concedida.
Tres mitos que te están costando dinero
Mito 1: los aparatos «ahorradores de luz» que se enchufan a la pared
Se venden por internet y en redes sociales con nombres tipo «ahorrador energético», «estabilizador» o «optimizador de consumo», por veinte o treinta euros, y prometen bajar la factura solo con enchufarlos. No funcionan. Y el motivo es técnico, no de opinión.
Dentro suelen llevar un condensador y unos LED. Lo que hace un condensador es corregir el factor de potencia, es decir, la energía reactiva. Pero el contador de un suministro doméstico registra energía activa, que es la que se mide en kilovatios hora, y en las tarifas domésticas de baja tensión no se factura energía reactiva: ese concepto solo aparece en suministros con potencias y peajes de otro tipo. Así que aunque el aparato corrigiera algo, no habría nada que ahorrar en tu factura, porque no pagas por eso. No existe ningún dispositivo que haga que el contador marque menos sin que consumas menos: eso sería manipular la medida, y es un delito.
A esto se suma un problema de seguridad. Muchos de estos aparatos llegan sin declaración de conformidad válida y con condensadores mal dimensionados o mal protegidos, conectados permanentemente a un enchufe. Se han descrito casos de sobrecalentamiento y de olor a quemado. Si tienes uno enchufado, la recomendación es desenchufarlo. Si te lo ofrecen con la promesa de un porcentaje de ahorro, es publicidad engañosa y puedes reclamar el importe.
Mito 2: «poner la lavadora de noche sale gratis»
Dos errores en una frase. El primero: la energía en valle es más barata, nunca gratis. Sigues pagando el kilovatio hora, sigues pagando peajes y cargos en su tramo valle y sigues pagando impuestos. El segundo, y más importante: solo ahorras si tu contrato distingue precios por horas. Con una tarifa de precio fijo único las 24 horas, la comercializadora te ha promediado los periodos dentro de ese precio, y da igual a qué hora laves.
Compruébalo en tu última factura: si en el desglose del término de energía aparecen tres líneas (punta, llano, valle) o un precio distinto por hora, desplazar cargas te compensa. Si aparece una sola línea con un precio único, no. Y si vas a programar electrodomésticos de madrugada, ten presente el ruido para los vecinos y la recomendación de no dejar lavadora o secadora funcionando mientras duermes por el riesgo, pequeño pero real, de fuga de agua o de avería eléctrica.
Mito 3: «las bombillas consumen mucho al encenderse»
Viene de la época de los tubos fluorescentes con reactancia y cebador, que sí tenían un pico de arranque y, sobre todo, se desgastaban con cada encendido. De ahí salió la costumbre de dejarlos encendidos «para no gastar». Con LED no aplica: el pico de arranque de un LED es despreciable, dura milésimas de segundo y no suma nada medible en el contador. Tampoco se degradan de forma apreciable por encender y apagar, porque no hay filamento ni electrodos que erosionar.
La conclusión práctica es la aburrida: si sales de una habitación, apaga la luz, aunque vuelvas en cinco minutos. Nunca vas a gastar más por apagar. Lo único que conviene vigilar es el número de maniobras en reguladores y drivers baratos de mala calidad, que a veces fallan antes; pero eso es un problema de componentes, no de consumo.
Y tres más que se cuelan a menudo
- «Poner el aire a 16 °C enfría más rápido». No. El termostato marca el objetivo, no la velocidad: el equipo enfría a su capacidad hasta alcanzar la consigna. Poner 16 °C solo hace que siga enfriando cuando ya estabas cómodo.
- «Los emisores térmicos de bajo consumo consumen menos». No existe la resistencia eficiente. Un kilovatio hora eléctrico da un kilovatio hora de calor en todos ellos. Lo que cambia es cómo lo reparten en el tiempo y la sensación de confort.
- «Desenchufar los cargadores del móvil ahorra mucho». Un cargador moderno sin nada conectado consume fracciones de vatio. Desenchufarlo es buena práctica de seguridad y de vida útil del cargador, pero en la factura no se nota. Los objetivos de standby que sí valen son el descodificador, la consola, el equipo de audio y la impresora.
Plan de treinta días, sin gastar casi nada
Si quieres una secuencia concreta en lugar de una lista de ideas, este es el orden que funciona:
- Días 1-2. Descarga la curva horaria del último año en la web de tu distribuidora y mira tu potencia máxima registrada y tu consumo base nocturno.
- Días 3-4. Coge la última factura y anota tres datos: potencia contratada en punta y valle, si el término de energía tiene uno o tres precios, y si pagas alguna cuota de servicios adicionales.
- Día 5. Si tu máximo registrado se queda claramente por debajo de lo contratado, pide la bajada de potencia al escalón inmediatamente superior a ese máximo. Es la única gestión de la lista que ahorra todos los meses sin cambiar nada de tu vida.
- Semana 2. Ajusta la consigna de calefacción o aire acondicionado un grado hacia el confort razonable, pon el programa de lavado por defecto a 30 °C y regula el frigorífico a 4-5 °C y el congelador a −18 °C.
- Semana 3. Caza el consumo base: recorre la casa con el medidor de enchufe o simplemente identifica qué hay permanentemente encendido, y pon regletas con interruptor en el mueble del salón y en el escritorio. Sustituye los halógenos que queden.
- Semana 4. Si tu contrato tiene precio por horas, reorganiza lavadora, lavavajillas y secadora hacia el valle y el fin de semana. Si no lo tiene, compara ofertas en el comparador de la CNMC y decide si te interesa una tarifa con periodos.
- Mes siguiente. Vuelve a descargar la curva horaria y compara con el mismo mes del año anterior. Aquí es donde sabrás qué funcionó en tu casa, que es lo único que importa.
Con eso hecho, ya tienes base para decidir si la siguiente inversión es un termostato, unas ventanas o una bomba de calor. Y tendrás números propios para juzgar cualquier presupuesto que te pongan delante.
Lo que separa a quien ahorra de quien lo intenta no es la cantidad de trucos que aplica, sino haber mirado la factura una vez con calma. La potencia contratada es el ejemplo perfecto: es el ahorro más grande, el más fácil y el que casi nadie toca.
Preguntas frecuentes sobre cómo ahorrar luz en casa
¿Cuál es la medida que más baja la factura de la luz?
Si la calefacción de tu casa es eléctrica, sustituir resistencias por una bomba de calor y ajustar la temperatura de consigna. Si no lo es, ajustar la potencia contratada, porque es dinero fijo que pagas todos los días del año aunque no consumas nada. Las dos son medidas sobre bloques grandes; los trucos de electrodomésticos vienen después.
¿Funcionan de verdad los aparatos «ahorradores de luz» que se enchufan?
No. El contador doméstico factura energía activa en kilovatios hora y en las tarifas domésticas no se paga energía reactiva, que es lo único que podría corregir el condensador que llevan dentro. Además, muchos se venden sin conformidad válida y hay riesgo de sobrecalentamiento. Si tienes uno, desenchúfalo.
¿Es gratis poner la lavadora por la noche?
No, es más barato solo si tu contrato distingue precios por horas. La franja valle de la 2.0TD (de 00:00 a 8:00 en días laborables y las 24 horas de sábados, domingos y festivos nacionales) tiene peajes más bajos, pero la energía se sigue pagando. Con una tarifa de precio único las 24 horas, mover la lavadora no cambia tu factura.
¿Las bombillas consumen más al encenderse? ¿Merece la pena apagar si vuelvo en cinco minutos?
Los LED no tienen un pico de arranque relevante ni se desgastan de forma apreciable al encenderlos. Siempre gastas menos apagando. Ese consejo viene de los antiguos tubos fluorescentes y ya no aplica.
¿Cuánta potencia debo contratar en un piso normal?
Depende de qué aparatos pueden coincidir a la vez. Un piso sin calefacción eléctrica y con cocina de gas suele funcionar con 3,45 kW; con inducción, horno y termo eléctrico lo habitual es 4,6 kW o más. La forma correcta de decidirlo es mirar la potencia máxima registrada por el maxímetro durante un año completo, incluido el invierno.
¿Qué pasa si bajo la potencia contratada y me quedo corto?
El limitador del contador digital corta el suministro cuando superas la potencia contratada, y se restablece volviendo a subir el interruptor general al cabo de unos segundos. No se rompe nada. Ten en cuenta que solo puedes modificar la potencia una vez cada doce meses, salvo supuestos concretos, así que baja con criterio y no a ciegas.
¿Cuánto consume realmente el standby de una casa?
En una vivienda con televisor, descodificador, consola, equipo de audio, router, alarma e impresora es habitual un conjunto de 20 a 60 W permanentes, que a lo largo del año son unos cientos de kilovatios hora: decenas de euros. Es dinero real y se elimina con regletas de interruptor, pero no explica una factura alta.
¿Gasta menos lavar los platos a mano o en el lavavajillas?
El lavavajillas lleno en programa eco suele gastar menos agua caliente que lavar la misma vajilla a mano con el grifo abierto. El programa eco dura más precisamente porque trabaja a menos temperatura, y ahí está el ahorro. Salta el prelavado y abre la puerta al final en vez de usar secado con calor.
¿Merece la pena cambiar el frigorífico para ahorrar luz?
Si tiene más de doce o quince años, sí: los equipos de esa edad pueden consumir el doble o más que uno actual equivalente y, al estar encendido siempre, la diferencia se acumula. Si tiene cinco años, no: sale más rentable regularlo bien, descongelarlo, limpiar el condensador y comprobar las gomas.
¿El Plan MOVES III subvenciona la aerotermia o las bombas de calor?
No. MOVES III es un programa de movilidad eléctrica, para vehículos eléctricos y puntos de recarga. No financia bombas de calor, aerotermia, aislamiento ni fotovoltaica. Para esas actuaciones hay que mirar los programas autonómicos de rehabilitación energética, las deducciones de IRPF por obras de eficiencia energética y las bonificaciones municipales de IBI e ICIO, siempre en la convocatoria vigente.
¿Es mejor apagar la calefacción cuando no estoy o dejarla baja?
Para ausencias de unas horas, bajar la consigna unos grados suele ser mejor que apagar del todo, porque volver a calentar una casa fría desde cero exige un esfuerzo grande al equipo y en sistemas de inercia alta tarda mucho. Para ausencias de días, apagar dejando una temperatura mínima antihielo. Un termostato programable resuelve esto sin que tengas que pensarlo.
¿Ahorro más cambiando de compañía o cambiando de hábitos?
Cambiar de compañía cambia el precio de cada kilovatio hora; cambiar de hábitos y de equipos cambia cuántos kilovatios hora consumes. Lo segundo tiene mucho más techo, sobre todo si calientas con electricidad. Lo ideal es hacer las dos cosas y en este orden: primero ajusta potencia y consumo, y cuando sepas cómo consumes, compara ofertas en el comparador oficial de la CNMC con tus datos reales en la mano.
Escrito por el equipo de EnergiaBarata
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